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Eduardo Aguirre Madariaga (*)
En el "hacer" ciudad se pueden distinguir distintas formas: una a cargo de organismos estatales, que generalmente avasallan la autonomía municipal; otra por parte del sector privado, de manera formal y dentro del marco regulatorio municipal, que al no estar actualizado es objeto de múltiples excepciones, provocando los inconvenientes y desigualdades que trae aparejado este tipo de mecanismos; finalmente la del sector informal, que conforma tramas urbanas en lugares periféricos y/o de alto riesgo ambiental. En general, las ciudades latinoamericanas han continuado construyéndose en gran medida fuera de la ciudad legal y, aún más, fuera de la parte planificada de la ciudad legal, lo que evidencia que las políticas urbanas estatales han fracasado.
Esta grave situación provocó críticas a la manera tradicional de concebir la ciudad, lo que motivó que a partir de la década del 80 se buscara la implementación de nuevas formas de intervención sobre lo urbano. Esta modalidad se basa en la planificación con participación de la población, con códigos más flexibles e intervenciones puntuales sobre los aspectos más conflictivos.
La metodología participativa en la resolución de necesidades básicas comenzó a utilizarse a escalas reducidas (a nivel barrial). En ellas se comprobó su eficacia ya que significó una gran motivación de los pobladores al participar en la solución de sus problemas, retomando el sentido de pertenencia de su hábitat. Posteriormente, la metodología se trasladó a escala urbana con la llamada Planificación Estratégica, lo que incentivó a la población a involucrarse en la construcción o reconstrucción de su ciudad.
Los logros obtenidos con esta metodología determinaron su alto grado de aceptación por parte de las instituciones gubernamentales. La práctica participativa se basa en la acción de varios individuos dispares, quienes interactúan en un grupo que se reúne para realizar una tarea creativa, donde se ponen en acción numerosas fuerzas psicológicas que van desde el consenso a la lucha abierta y enconada entre diferentes motivaciones, intereses, actitudes, conductas e ideas de los diversos actores que la componen, hasta lograr el objetivo principal de mejoramiento de la situación del hábitat de un determinado sector social.
Ese trabajo de gestión concertada debe darse entre varios actores sociales (beneficiarios directos, organismos gubernamentales y no gubernamentales) en operaciones de mejoramiento de la situación de un determinado sector social, utilizando los recursos y las potencialidades de cada uno y promoviendo el compromiso activo de todos los actores intervinientes, cada uno desde su rol específico y en igualdad de derechos y obligaciones.
Ante esta situación la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) propone abordar el tema de los planes urbanos a la luz del concepto de gobernanza democrática. Yves Cabannes plantea que la democracia en la ciudad como proyecto social político y la democratización como proceso son realidades inseparables. Los cinco desafíos para planificar ciudades más democráticas que propone son: conciliar necesidades inmediatas de la población con las exigencias de una planificación de largo plazo, conciliar la planificación del barrio con la planificación del conjunto de la ciudad, planificar la ciudad en un contexto de globalización, conciliar los intereses de actores sociales diferentes y pasar de una planificación participativa a una gestión participativa.
Es así que, en la elaboración participativa de planes urbanos con los ciudadanos, se logran cumplir los preceptos mencionados, reflejando ese instante de la vida ciudadana.
Entonces, todo modelo territorial supone una visión de la ciudad. Por lo que los aspectos urbanos contenidos en el modelo necesariamente deben correlacionarse. Ninguno tiene prioridad sobre los restantes porque cada uno de ellos y todos en su conjunto deben concurrir a cumplimentar los objetivos que se asumieron.
En la construcción de espacios de participación, la puesta en discusión del Plan Urbano Santa Fe Ciudad es un hecho innovador para la ciudad. Para que realmente cumpla su cometido se deberá seguir trabajando para el cambio de mentalidad de los actores, facilitando el acceso a la información, completa y oportuna; a la capacitación y desarrollo de nuevas destrezas que contribuyan a dar mayor consistencia a los procesos conjuntos que se emprendan y que sean capaces de incidir en las decisiones, en la gestión y el control mismo de estos procesos. Será la forma de dar garantía a los acuerdos y planes de acción consensuados.
(*) Agrimensor, magíster en gestión del ambiente, el paisaje y el patrimonio y secretario de Gestión de Riesgo de la Municipalidad de Santa Fe.