Escenarios & Sociedad: SOCI-04
"La piedad. Amor con boleros"
Sobre la necesidad de amor
Por Roberto Schneider

Un esquema teatral conocido es el que dibuja el dramaturgo santafesino Antonio Germano en "La piedad. Amor con boleros", obra estrenada en el Centro Cultural Provincial. Tres personajes nítidamente faltos de amor compartiendo un espacio físico Äel estudio de una radioÄ cultivan una convivencia forzada pero imprescindible para no sucumbir a la soledad.

Aurora es una cantante de boleros que hace mucho dejó su actividad y despunta el vicio en un programa de título más que paradigmático Ä"Para solitarios"Ä; Aníbal es un animador al que se le ha pasado la hora del éxito, y Quichi es el operador de sonido de la radio. Los tres podrían ser seres insignificantes que invitaran a la burla. La historia es cotidiana y la compasiva y sutil mirada del exterior no se queda en la superficie y bucea en el texto sencillo, extrayéndole momentos de riqueza. Resultado de esa mirada es una historia que habla de la complejidad de estos antihéroes, cuyos caracteres podrían invitar al ridículo y al grotesco si se los observara con una óptica impiadosa.

Germano muestra esas soledades sin pudor en sus respectivos calvarios, incluso las deja lastimarse con los trozos filosos de sus fantasías hechas trizas y les tira un único, solitario cable de salvación: la continuidad de la vida pese a todo, porque al despertar cada mañana las máscaras están todavía al alcance de la mano.

Nada nuevo, puede decirse, pero siempre eficaz, dada la coloratura, intensa y sombría a la vez, de la acuarela. Desde la dirección del espectáculo, Germano maneja con astucia la sabiduría popular esgrimiendo por momentos un lenguaje descarnado, basando su trabajo en las actuaciones del elenco para que sus criaturas aparezcan con credibilidad para el espectador. El director cala hondo para que sus actores hagan otro tanto.

Se luce Marta Defeis, disfrutando de su personaje. La actriz tiene fuerte presencia escénica, maneja el humor con precisión, aborda el drama sin temor y saca el mejor provecho de un papel agradecido. Una vez más, Sergio Cangiano asume su rol con brillantez, haciendo reír a la platea y conmoviendo en escenas que pueden bordear lo patético. Cuando ambos cantan, son una delicia y cuando él descubre el amor sexual con ella, un plato bien saborizado. Roberto Trucco tiene a su cargo el personaje más despreciable: la vida lo ha golpeado, se emborracha y es un pegador. El actor cumple con indisimulable entrega y logra una buena interpretación. Cierta morosidad en el ritmo de la puesta en escena aletarga un tiempo que debe medirse con intensidad.

"La piedad...", también debemos decirlo, habla sobre el amor. Sobre la necesidad de amor. Lo hace de manera sencilla, a través de un texto que parece lleno de lugares comunes que los actores dotan de significado. La dificultad de relacionarse de esos tres seres inseguros, castigados por la vida, va desapareciendo a medida que cada uno de ellos pierde el temor a ser herido y puede confesar lo más íntimo.

Así, mientras se escuchan las voces de Armando Manzanero o Eydie Gorme con Los Panchos, se recrea un vínculo dominado por el encuentro y los desencuentros. Como el drama de estos tres seres está latente, tiene enorme contundencia dramática. La risa está, pero duele.