De la redacción de El Litoral
El campo se está quedando solo: donde había animales, casi no los hay; donde había árboles quedan algunos postes talados; donde había casas hay taperas; donde había escuelas rurales hay instituciones que cierran. La agriculturización tan debatida en los últimos meses en nuestro país le dejó lugar a una nueva economía, altamente rentable; pero también descorre el velo de una realidad que comienza a mostrarse, de a poco y de golpe, en nuestro nuevo paisaje rural.
Esta nueva "ruralidad" fue analizada detenidamente por un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), quienes decidieron recorrer una parte de nuestra provincia, nada menos que para mirar cómo y en qué está cambiando nuestro campo, y registrarlo en imágenes fotográficas.
"Hay que estar muy atentos, porque desde el punto de vista social es muy fuerte lo que está pasando", dijo la Ing. Patricia Sandoval, directora del equipo de investigación que encaró el trabajo.
"Lo que está pasando" es en realidad consecuencia de una intensa concentración de tierras en pocas manos y en pocos años. Según pudo determinar el grupo tras comparar los censos de 1988 y 2002 en el departamento Las Colonias, los establecimientos menores a las 200 hectáreas desaparecieron en un 42,3 %, al tiempo que surgieron cinco grandes empresas agropecuarias con extensiones superiores a las 500 hectáreas. Otro dato elocuente: de esas cinco sólo dos disponen de superficies mayores a las 10.000 hectáreas, algo que ni siquiera existía en el censo de 1988.
"Lo más saliente de este proceso de agriculturización es la concentración de la tierra Äenfatizó Sandoval. Evidentemente hay cada vez mayores superficies en manos de menos productores".
Esa realidad, analiza el grupo, es producto de dos problemáticas diferentes: por un lado la falta de rentabilidad de ciertas actividades y por otro la aparición de grupos de capitales que invierten en la tierra, como los pools de siembra.
Aquella tierra de colonos e inmigrantes que trabajaban la tierra para sostener a su familia forma parte de fotos de museo, pero no ya de esta nueva ruralidad.
"El típico colono o farmer está desapareciendo como actor social predominante. Antes había un predominio de empresas agropecuarias, que pasaban de generación en generación. Hoy eso se está perdiendo", contó Sandoval.
Este relativamente nuevo uso de la tierra se pone en evidencia en las fotografías que el grupo sacó y que luego analizó, en el departamento Las Colonias, la principal zona de estudio del grupo, que a su vez se subdividió en tres zonas geográficas: norte (donde predominan las actividades ganaderas), centro y sur, caracterizada hasta hace poco tiempo por una intensa actividad tambera.
"En el paisaje, notamos diferencias notables entre las tres. Por eso las fotografiamos para tener ese testimonio", indicó la investigadora. En este sentido, en la zona sur se fotografiaron numerosas plantas de silos, que hablan a las claras del avance de la agricultura en estas tierras otrora destinadas a otras actividades.
Pero hay otras imágenes: la eliminación de los alambrados perimetrales (que servían para dividir el terreno donde se alimentaba el ganado), la ausencia de vacas Holando y de ganado; y la tala de árboles perimetrales a los campos. "Hoy la agricultura aprovecha hasta los últimos centímetros de banquinas", dijo Sandoval.
La crisis también se refleja en la pluriactividad, que es la estrategia a la que acudió el productor para poder subsistir, compensando la escasa rentabilidad de algunas actividades (el tambo, por ejemplo) con cualquier otra: la carpintería, la producción de dulces regionales y hasta el turismo rural.
Y la cada vez más restringida población rural se evidencia también en dos imágenes rotundas: la presencia de taperas antes casas de familia y hoy lugares abandonados, y las escuelas rurales a punto de cerrar por la falta de alumnos. "El tambo es una actividad agropecuaria de familia y de familias grandes, con niños. Donde hay tambos hay niños, y donde hay niños debe haber escuelas. Este desplazamiento de la agricultura (y a su vez de su gente) ha provocado que las escuelas rurales tengan cada vez menos niños y entonces cierran por falta de alumnos", contó Sandoval.
Además de la comparación de estadísticas y el relevamiento fotográfico, el equipo complementó los resultados con entrevistas a los protagonistas. De esa manera fueron conociendo historias de vida singulares, como la de un productor tambero que alquiló sus 120 hectáreas de superficie hace 15 años, cuando casi comenzaba este proceso de concentración.
"La rentabilidad no le resultaba ni para darle a su familia una calidad de vida aceptable. Pero después de alquilar sus tierras y pese a que estaba mejor económicamente se atravesó un proceso de depresión importante. Toda su vida había trabajado en el campo, y dejar algo tan arraigado a su persona repercutió en su salud. Así como ésa, hay otras historias", contó Sandoval.
"Hoy, los lugares que antes eran la casa del tambero y su familia se convirtieron en taperas en muchos casos; los lugares donde antes había población, ahora se convierten prácticamente en desiertos", agregó.
El equipo de investigación está integrado además de Sandoval, por docentes del grupo de Extensión y Desarrollo Rural: Ing. Hugo Erbetta, Ing. Cristian Pernuzi, Prof. Roberto Leonardi y los colaboradores Ing. Norma Micheloud y Patricia Acetta.
Esta investigación y un análisis pormenorizado de nuestra Santa Fe productiva podrá verse mañana, a las 22, en "Ateneo Documental", el nuevo formato del programa de televisión de la Universidad Nacional del Litoral.
Esta vez, Ateneo saldrá al aire los últimos sábados de cada mes por la pantalla de Cable & Diario, con investigaciones documentales sobre distintos temas para analizar nuestra realidad. Las repeticiones serán los domingos a las 23, por la misma señal televisiva.