Opinión: OPIN-02 El ex sandinista Ernesto Cardenal enfrenta al gobierno de Ortega

(EFE)

El poeta y sacerdote ex sandinista Ernesto Cardenal, que a sus 83 años tiene una vida austera que lo lleva a mantenerse al margen de lugares públicos, enfrenta a la justicia de Nicaragua y al Gobierno de Daniel Ortega, condenado por injuriar a un empresario alemán por una disputa de tierras.

El intelectual nicaragüense, considerado actualmente como uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica, fue condenado a pagar una multa de 20.000 córdobas (unos 1.025 dólares).

Aunque participó en la resistencia contra la dictadura de los Somoza, por lo que fue encarcelado y alcanzó fama de revolucionario desde los tiempos de la lucha sandinista contra el régimen, ahora denuncia que el proceso judicial en su contra es "injusto e ilegal" y una "venganza" del presidente Ortega.

El sacerdote trapense se presentó en compañía de diversas personalidades al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) para denunciar lo que calificó de "acoso" del Poder Judicial y el Gobierno de Ortega.

Cardenal nació el 20 de enero de 1925, en Granada (Nicaragua) y se ordenó como sacerdote el 15 de agosto de 1965 después de estudiar en varios países de América y España. En 1979, con la llegada al poder de los sandinistas, entró a formar parte de la Junta de Gobierno de Nicaragua como ministro de Cultura. Seis años después, en 1985, fue suspendido "ad divinis" por el Vaticano, que consideró incompatible su misión sacerdotal con su nuevo cargo político. Durante su visita a Managua en marzo de 1983, el Papa Juan Pablo II lo amonestó en público y con el índice derecho le recordó que tenía que arreglar sus "asuntos" con la Iglesia.

Su ruptura con el sandinismo ocurrió el 25 de octubre de 1994, luego de acusar al partido de manipulaciones por excluir en sus elecciones internas a los militantes que apoyaban a los "sergistas", como se conoció a quienes respaldaban el Movimiento de Renovación Sandinista, del ex vicepresidente Sergio Ramírez.

En ese entonces, el partido se dividió en dos sectores: los renovadores, seguidores del "sandinismo ilustrado" de Ramírez, que apoyó Cardenal, y los ortodoxos, de Daniel Ortega.

La vida de Cardenal ha sido marcada por la literatura y su actividad política. No frecuenta lugares públicos y, además de la poesía, entretiene su tiempo con la escultura y la lectura. Extrovertido, pero excéntrico, ha hecho de las largas camisas o "cotonas" de algodón, de confección tradicional, y la boina negra su sello personal.

En 2005 fue candidato al Premio Nobel de Literatura y, entre otros, le han sido concedidos el Premio "Rubén Darío", máximo galardón de las letras nicaragüenses (en 1965), le fue impuesta la orden cubana "Haydeé Santamaría" (1990) y en 1991 fue nombrado Doctor "Honoris Causa" por la Universidad de Granada.

El Premio de la Paz de los libreros alemanes le fue concedido en 1980 y también recibió el Premio por la Paz de la Asociación de las Naciones Unidas, en España. Entre sus obras poéticas destacan: "La ciudad deshabitada" (1946); "Hora 0" (1960); "Getsemany KY" (1961); "Salmos" (1964); "Oración por Marilyn Monroe y otros poemas" (1965).

Además, "El estrecho dudoso" (1966); "Vida en el amor" (1970); "Homenaje a los indios americanos" (1971); y "Cristianismo y Revolución" (1974).

rvicio de un infame Gobierno", señaló el autor de "Las venas abiertas de América Latina" a través de un correo que fue distribuido en Nicaragua por poetas amigos de Cardenal.

Intelectuales y escritores de toda Latinoamérica se manifestaron en apoyo de Cardenal. El activista de derechos humanos en Estados Unidos Roberto Vargas escribió a Cardenal: "Estimado padre y poeta Cardenal, no estás solo". Asimismo, se sumó la portorriqueña Luce Lopez-Baralt, traductora de literatura, quien dijo: "sé bien de tu entereza (yo conozco tu alma como pocas personas) y de tu valor incondicional. Pero me apena de veras que, a estas alturas de tu vida, ejemplar en todos los sentidos, tengas que pasar por estos sinsabores totalmente innecesarios. La revolución perdida, qué bien lo apuntaste", añadió.

Mientras la escritora brasileña Ione Carvalho advirtió sobre la "tensión" que pueda estar sufriendo Cardenal, de 83 años, por esa condena por injurias. "Estoy segura de que no te colocarán en la cárcel, porque esto provocaría un movimiento de repudio a Daniel (Ortega) de escala nacional y internacional", señaló.

Según Ramírez Mercado, el juicio de que fue objeto Cardenal fue "revivido para castigarle, porque en su reciente viaje a Paraguay, invitado a la toma de posesión del presidente Lugo, criticó a Ortega y a su esposa tal como el poeta suele hacerlo, sin tapujos. En Nicaragua los jueces dependen de la voluntad de Ortega", continuó el Premio Alfaguara de Novela 1998.

En cuanto al Nobel de Literatura 1998, el portugués José Saramago, salió en defensa del escritor y poeta Ernesto Cardenal arremetiendo contra el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, a quien acusó de tener "mala conciencia" y de ser "indigno de su propio pasado".

"Ernesto Cardenal, uno de los más extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido víctima de la mala conciencia de un Daniel Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un Papa, en vano, intentó humillar", dice un breve pero intenso mensaje escrito por Saramago.

Saramago acotó que no hay que confundir nunca la ley con la justicia, pero que a Cardenal "no le ha servido la ley porque la administra una justicia que se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder".

El laureado escritor pidió a Ortega que "se mire en un espejo y me diga qué es lo que encontrará en él. Si le da vergüenza, al menos que tenga la valentía de pedir perdón".

Agregó: "Si no levanta la voz para clamar, él mismo, contra la condena de Ernesto Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero. Una vez más, una revolución ha sido traicionada desde dentro", concluyó.

El mensaje de Saramago fue leído por el también escritor Sergio Ramírez, quien acompañó a Cardenal junto a otros renombrados escritores nicaragüenses, a denunciar el caso ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).