Télam/De la redacción de El Litoral
En el ambiente del fútbol profesional, desde hace varios años se viene hablando de "códigos". Pero, en verdad, ¿existen esos códigos en una actividad tan superprofesionalizada?
Es indudable que, luego de la "patada voladora" propinada por el defensor de San Lorenzo Sebastián Méndez al delantero de River Radamel Falcao, el domingo, cuando el clásico expiraba, pensemos que no hay "códigos" que valgan. Sobre todo, por la frialdad puesta de manifiesto por el "Gallego", al actuar de ese modo cuando el pobre cotejo terminaba, y sabiendo que el mediocre árbitro Diego Abal lo expulsaría, pero dejaría a su equipo con un jugador menos poco tiempo.
Además, según declaraciones del mismo Abal, Méndez expresó: "Ya está, me saqué las ganas". Y en ningún momento sintió arrepentimiento por la jugada. De hecho, todo se trató de una venganza del marcador central, cuando el 8 de mayo de este año sufrió una severa lesión de rodilla que lo dejó dos meses sin jugar, causada por el colombiano al ir mal y desde atrás sobre el defensor, cuando San Lorenzo, con nueve jugadores, le empató a River en el Monumental y lo eliminó de la Copa Libertadores. Este verano, en Mar del Plata, cuando los de Boedo ganaron por penales, Falcao no jugó.
La "patada voladora" de Méndez a Falcao García hizo recordar otras acciones de extrema violencia que quedaron grabadas en la historia del fútbol argentino.
Trasladándonos más de 52 años hacia atrás, en mayo de 1956, y en el mismo estadio de River, Néstor Rossi, el celebrado centro medio de ese tiempo, fracturó al goleador de Lanús, Benito Cejas, en una jugada de parecida violencia a la mencionada. "Pipo" lo cruzó muy mal al bueno de Cejas. Era una vendetta, pero no contra Cejas, que pagó los "platos rotos", sino para Dante Homérico Lugo, el conductor "granate".
Unos días antes, en una práctica de la selección nacional, Lugo (de extraordinaria habilidad y al que le decían "Mandrake") se había burlado de Rossi en un encuentro entre titulares y suplentes. Al "Patón" de River no le gustaba que le hicieran "caños" y "sombreros", la especialidad de Lugo.
Ese año, Rossi vivió suspendido; estuvo parado casi 10 fechas en dos sanciones por juego brusco. River igual fue campeón y su reemplazante era Gilberto Sola, que se corría al centro del campo al tiempo que dejaba su lugar al propio hermano de "Pipo", Omar Rossi. En 1957, Néstor tuvo un gran año (fue figura en la selección de los "Carasucias" que en Lima ganó brillantemente el Sudamericano), fue otra vez campeón con River, pero su hermano Omar falleció de leucemia. Una ironía del destino.
El estadio de River tuvo otra "patada célebre" casi treinta años más tarde. En el invierno de 1985, el volante central de Boca, Roberto Pasucci, "fue a buscar" casi a la última línea defensiva de River (el partido estaba 1 a 0 para los "millonarios") a Oscar Ruggeri. Fue una "plancha" alevosa al rival que saltó para amortiguar el impacto. El "Cabezón" Ruggeri, campeón de todo en esa época, siempre dijo que tuvo "un Dios aparte".
El 10 de noviembre de 1963, en cancha de Independiente, con el "rojo" arriba por 1 a 0, Luis Artime, por entonces delantero de River Plate, fue cruzado violenta y simultáneamente por "Pipo" Ferreiro y Rubén "Hacha brava" Navarro, quienes le lesionaron el tobillo izquierdo y lo dejaron fuera de las canchas por seis meses.
Cuando lo sacaron al goleador del campo de juego, promediando la segunda etapa, empató River con un golazo de Ermindo Onega, aunque, a diez minutos del final, Mario Rodríguez les dio la victoria a los de Avellaneda y los catapultó al campeonato. A la salida de la cancha, el ídolo boxístico José María Gatica se cayó de un colectivo, al que intentó subir para vender ballenitas, y sufrió graves heridas que le ocasionaron la muerte.
Otro puntapié recordado por su brusquedad, y en este caso internacional, fue el que el tucumano Rafael Albrecht, en el Mundial de Inglaterra, en junio de 1966, le aplicó al alemán Helmut Haller.
Por entonces, el destacado periodista Julio César Pasquato (Juvenal), enviado de la revista El Gráfico junto al recordado poeta Osvaldo Ardizzone, escribió: "Quizás Albrecht quería saber cómo era un alemán por dentro".
Haller fue el conductor del gran equipo de Alemania que perdió con Inglaterra, en tiempo suplementario, apenas quince días más tarde, la final del Mundial que organizaron los ingleses.
Ni amarilla.
Hace un año, en una mañana muy celebrada por los hinchas de Tigre, el defensor Juan Carlos Blengio le pegó un "hachazo" en el tobillo izquierdo al chileno Alexis Sánchez, que llevaba un mes en River. Al partido lo dirigió Saúl Laverni y el "pibe maravilla" fue llevado a Barcelona por pedido de su club, Udinese, a la dirigencia de River, para ser operado en España. Estuvo cuatro meses sin jugar. Blengio, lateral izquierdo de Tigre, no fue ni siquiera amonestado por el árbitro del encuentro, que se jugó en la cancha de los recién ascendidos el 22 de septiembre de 2007. Laverni recibió un "pésimo" como calificación de la mayoría de los medios.
El plantel de Arsenal arribó ayer a la ciudad de Tegucigalpa, capital de Honduras, para enfrentar mañana al Deportivo Motagua, en cotejo desquite de una de las llaves preliminares de la séptima edición de la Copa Sudamericana de fútbol. El campeón vigente de la competencia continental, dirigido por Daniel Garnero, se impuso claramente por 4 a 0 en el choque de ida desarrollado en la localidad bonaerense de Sarandí, razón por la cual le alcanza hasta perder por tres tantos para obtener la clasificación a la siguiente ronda. El equipo argentino se aloja en el Hotel Intercontinental de la capital hondureña, de cara al encuentro que empezará a las 22.10 hora de Buenos Aires (19.10 local).
La delegación de Arsenal comprende estos jugadores: Cristian Campestrini, Matías Alasia, Darío Espínola, Cristian Pellerano, Mariano Brau, Sebastián Carrera, Carlos Casteglione, Aníbal Matellán, Alejandro Gómez, Facundo Sava, Javier Yacuzzi, Javier Gandolfi, Andrés San Martín, Sergio Sena, Mauro Matos, Facundo Coria, Franco Jara, Alexander Corro, Damián Pérez y Mauro Aguirre.