Cualquiera que haya visitado Rafaela puede percibir fácilmente que se trata de una población con proyecciones de crecimiento bien definidas, que tiene una importancia estratégica en la región además de una pujanza que la distingue a nivel nacional. Esta característica tiene, obviamente, mucho que ver con el espacio donde está enclavada, un área rica y productiva de la provincia, con un acentuado perfil agropecuario.
Sin embargo, probablemente lo que más haya proyectado a esa ciudad sea el quehacer de sus industriales, que a lo largo de varias décadas supieron dotar a los productos generados allí con una calidad y un valor agregado notables.
Y ese perfil industrial que distingue a la cabecera del departamento Castellanos, se pone de manifiesto en un dato que se pudo conocer en los últimos días, que no es más que una continuidad de lo que viene ocurriendo en los últimos tiempos. Durante los primeros siete meses de 2008, esa ciudad santafesina exportó por 128 millones de dólares más que en el mismo lapso del año pasado. En concreto, los guarismos reflejan que se mandaron al exterior productos por un monto que rondó los 228 millones de dólares. Y el valor de la tonelada exportada se mantiene en un precio muy superior a la media nacional: más de 3.800 dólares contra 500. Y todo este panorama se encuentra potenciado por el funcionamiento del Resguardo Aduanero, y según las previsiones se incrementarán con la flamante Zona Primaria Aduanera.
Decir que Rafaela es un ejemplo a seguir o un modelo a copiar sería caer en lugares comunes. Cada ciudad y región posee un perfil determinado, que la hace poseedora de determinadas aptitudes y posibilidades. Y en ese sentido sí se debe reconocer el mérito de la ciudad del oeste, en la medida en que ha sabido potenciar sus fortalezas.