arte: ARTE-01
Entrevista a Augusto Porporato
Desde las cenizas de la música
Por José Duimovich
Augusto Porporato fue finalista del Premio Planeta 2005, y posteriormente, del Premio Emecé en 2007, con su novela "Punto de fuga", una ficción biográfica sobre Niccol Paganini, que presenta de esta manera:
Ä"Punto de fuga" es una novela sobre la creación literaria y musical, sobre el descubrimiento de las vocaciones, sobre las exigencias paternas en torno a esas vocaciones. He querido (me ha salido así, en realidad) describir un escenario sobre la problemática de estas exigencias desde un punto de vista exagerado, como para dar un tono trágico a una situación que de otro modo, más liviano y condescendiente, yo no habría podido plasmar en la verdadera dimensión de su problema.
Obligar a los hijos a estudiar algo que a ellos no les gusta, utilizarlos como proyectos de sus propias frustraciones, es una realidad más cotidiana de lo que uno podría pensar. A todo nivel, no sólo dentro de la música o de la literatura. Creo que si los padres tomaran verdadera conciencia del daño, a veces irreparable, que esto ocasiona a sus hijos se darían cuenta de que su insistencia resulta un acto casi criminal. En los Estados Unidos, por ejemplo, abundan los concursos de belleza para criaturas de seis, siete años, y hay que ver a sus madres maquillándolas como adultas, peinándolas como muñecas, aleccionándolas sobre el modo en que deben sonreírles a los jueces y caminar sobre una pasarela. Ya desde niños sienten el peso de la competencia y la obligación de ser los mejores. Y encima, al mensaje de que si no sos el mejor fracasás te lo transmiten dentro de un envase de naturalidad, como que las cosas siempre fueron así y está bien que así sigan siéndolo. Por eso tampoco hay que culpar a los padres por estas conductas, el mundo de hoy nos lleva al exitismo y a la intolerancia al fracaso, pero tomar conciencia del problema ya es algo.
Ä¿Por qué una biografía ficticia de Niccol Paganini, el grandioso violinista, compositor erudito, de inagotable fantasía poética?ÄPorque la historia de Paganini, o mejor dicho su leyenda, me venía como anillo al dedo para la arquitectura de la novela. Paganini, según esta leyenda, era obligado por su padre a estudiar veinte horas por día el violín, a practicar y a practicar, aun a costa del agotamiento y el hambre, hasta que lograra interpretar las obras sin errores. Alberto, el padre que en la novela lee un solo capítulo de esta biografía (el que habla sobre la relación de Paganini con su propio padre), está convencido de que en él se encuentra el secreto para volver genial a su hijo. Por eso lo lee y lo vuelve a leer, infinitamente. Un juego de espejos: el padre hace exactamente lo que hacía el padre de Paganini, respetando con fidelidad aquella biografía que oficia para él de manual de instrucciones. Pero, claro, las cosas son distintas: José, su hijo, no es, ni será nunca Paganini. Y es ahí donde radica el drama de la novela, porque entre los dos hijos hay diferencias enormes en su relación con la música. No sólo la que dice que Paganini es un genio y José no, sino también una diferencia mucho más decisiva: Paganini amaba lo que hacía, la música era todo para él, mientras que José tiene inquietudes que están bien lejos del violín. A este niño de once años no le gusta lo que su padre lo obliga a hacer, de modo que nunca, estudie las horas que estudie, se esfuerce cuanto se esfuerce, será un Paganini. Tan simple como eso.Por mi parte, inventé esa biografía porque no encontré ninguna que pudiera satisfacer los intereses de la novela. Yo necesitaba una que fuera escrita en el siglo XIX y no en otro, necesitaba que la escribiese un contemporáneo, un amigo, de Paganini, como para dar una mayor verosimilitud a la historia. Para eso, tuve que ponerme en la piel de un biógrafo decimonónico y escribir como hubiera escrito él, con ese estilo cargado de abusos, cursilerías y florituras propio de las biografías que se escribían en la época. Me resultó muy divertido intentar remedar ese estilo -quizá fue lo más divertido del proceso creativo-. A la vez, resultaba arriesgado, claro, porque el lector podía darse cuenta de que la biografía era un invento mío, de que era un fraude, y a partir de ahí tomar la decisión de no creerme más y cerrar el libro. Creo que tuve suerte, porque algunos lectores me han preguntado si la biografía, que se llama "El secreto de Paganini", aún se consigue en las librerías.
Ä¿Me podrías contar de tu relación con la Literatura y la Música?ÄActualmente, no tengo relación con la música. No de una manera intensa, al menos. Durante más de veinte años me preparé para ser concertista de piano, y hoy, a ocho, nueve años de tomar la decisión de abandonar el estudio del instrumento, puedo decir que de mi vínculo con él sólo queda un recuerdo que, como mucho, me lleva a sentarme al piano muy de vez en cuando y sólo por unos minutos. Nada más. Ni siquiera escucho música clásica, ni en el auto, ni en una sala de conciertos. Pero no creo que esto sea una negación. Si lo fuera, si fuera algo que me perturbara, pienso que no podría haber tomado a la música como tema central de mi primera novela. Reconozco a la música como parte de mí y le doy gracias por eso, ha ayudado a construir mi personalidad, modelado mis sentimientos y mi manera de ver el mundo, de algún modo siempre seguiré siendo un músico. Pero de esas cenizas que quedan de mi relación con ella sólo pervive aquello que me ayuda a escribir, ya sea como tema literario, como una cierta intuición para el reconocimiento del ritmo y la melodía en las frases, como la economía de recursos o la matemática musical en la estructura de una novela. De modo que mi relación con la literatura es, hoy, plena, de enamoramiento, una etapa en la que aún no hay decepciones, ni roces, ni renuncias. Sigo escribiendo casi todos los días, y no he dejado de hacerlo desde hace cuatro años, cuando comencé a escribir "Punto de fuga" y descubrí que quería ser escritor. Me gustaría que esto no tuviera fin, claro, pero lo más probable es que en algún momento la misma dinámica de la capacidad creativa cambie la situación, y entonces puede suceder que deje de escribir, cosa que no creo, o que me convierta en un profesional que maneja los tiempos de acuerdo con sus conveniencias, o que escriba sólo cuando tenga ganas de hacerlo, que eventualmente es lo que me gustaría que me sucediera a mí.