Con el "as de espadas" de tener a una hermana guardaparques, me fui hasta el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut. Es una preciosa zona, junto a la cordillera, casi despoblada que recién ahora está siendo descubierta, para bien y para mal. Tiene lagos increíbles, algunos de muy difícil acceso, y comparte en su paisaje tanto la selva Valdiviana como el monte Andino Patagónico, una zona que está diferenciada por el régimen de lluvias: las nubes del Pacífico descargan en la cordillera, allí de no más de 2.000 metros, y en consecuencia genera una vegetación impresionante. Selva y monte se pueden recorrer sin problemas: no hay serpientes ni mosquitos. Los únicos riesgos son perderse (no hay mucha gente para auxiliarte y puede ocurrir que no te cruces con nadie en todo el día), despeñarte o caer en el agua helada: por más buen nadador que seas, la hipotermia gana y es difícil ganar la orilla antes de morirte de frío.
Entre los muchos paseos posibles, elegí la ascensión a la laguna "La escondida", que hace honor a su nombre. Se trata de una ascensión de entre tres y cuatro horas, de dificultad media, pero exigente de a tramos: en muchos sitios se avanza casi en "cuatro patas".
El sendero arranca enfrente mismo de la seccional Arrayanes (juego de local: es la que está a cargo de mi hermana, María Laura), serpentea en ascenso entre colihues, maitenes, cipreses y lengas. Luego tiene una tupida formación de colihues (una especie de caña, con la que se fabrican muebles) y se avanza a veces a gachas en un túnel abierto entre las cañas. En algún momento te puede faltar el aire, pero nunca viene mal descansar en cualquier recodo: todos ofrecen un paisaje único desde algunos se domina el sistema de lagos encadenados.
Luego de andar a buen ritmo, llegás a la laguna Escondida, de singular belleza: una de esas formaciones con pasado de glaciares que en su retirada formaron estos lagos "colgados" en alturas inusuales.
Unos mates, una merienda rápida, fotos y a emprender el regreso.
Las mini vacaciones incluyeron, por supuesto, pesca en los lagos, especialmente el Menéndez, el más grande del sistema, junto con el Futalaufquen, que le da el nombre a la villa cercana. Las especies con más salidas son las truchas Arco Iris y Marrón (de carne delicada y deliciosa), la pesca es desde hace años con impuesta, autoimpuesta y generalizada devolución. A nadie se le ocurre no cumplir las reglas: hay una enorme conciencia conservacionista, más allá de la presencia del guardaparques, cuya autoridad es muy respetada. Tenés que tener licencia y te permiten un ejemplar por pescador por jornada. Pasé un mes días de intenso contacto con la naturaleza, haciendo una vida despojada y primitiva que te deja, de verdad, como nuevo.
Néstor Fenoglio