Uno de los principales problemas o enemigos del conservacionismo y la sustentabilidad de nuestros recursos es la enorme burocracia, los diferentes criterios jurisdiccionales, la falta de control y, fundamentalmente, la ausencia de un proyecto global y rector que no deje lugar a dudas o interpretaciones tramposas, para ubicar a los infractores en el terreno que corresponde: fuera de la ley.
Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes o Misiones tienen diferentes criterios, legislaciones, intenciones e intensidades respecto del control de la caza y pesca indiscriminadas; también respecto del desmonte o del cuidado del medio ambiente o del rico y complejo sistema de nuestras islas, ríos, lagunas y humedales. También la Nación tiene omisiones y posiciones diferentes sobre cada tema.
¿Cómo conciliar o mejorar o cuidar si lo que se legisla aquí es desconocido o burlado allá, a unos pocos kilómetros, al amparo de otro territorio pero idéntico sistema? Si allá prohíben la pesca o la comercialización, acá la autorizan, con lo que la burla está asegurada.
Y la raíz del problema es que no hay un único criterio, hay intereses de por medio, y no hay vocación política ni -parece- políticos dispuestos a asumir la tarea grande de encontrar un único proyecto superador con ejecución en todos los territorios afectados.
El Congreso nacional, el gobierno nacional, los gobiernos provinciales, tienen mucho por hacer y decir en este tema, pero parecen estar tan tapados por las urgencias, o no visualizan todavía como un problema grave la constante depredación de fauna y flora. Mientras tanto, al amparo de las omisiones y el dejar hacer, un grupo de inescrupulosos lucra con el presente y futuro de todos, tomando para sí lo que es común. Si no hay una política importante, motorizada seriamente, pronto será demasiado tarde. Y volveremos a actuar detrás de los problemas.