El legado artístico que deja Paul Newman, fallecido este fin de semana, es sumamente vasto, digno de un mito del séptimo arte. Con su inconfundible mirada azul y su inconstrastable presencia escénica, dejó para la posteridad una serie de personajes que permanecerán siempre en el imaginario cinéfilo.
El entrañable estafador Henry Gondorff de "El golpe" (¿Quién puede olvidar aquella partida de póker en el tren?), el magnífico Butch Cassidy de "Dos hombres y un destino", el arrogante Eddie Felson de "El buscavidas" y el veterano gángster John Rooney de "Camino a la perdición" son sólo algunas pinceladas de talento que dejó este actor.
Desde su trabajo en "Marcado por el odio" de 1956, forjó su propia leyenda con actuaciones memorables, pero sin doblegarse ante las exigencias de Hollywood. Tal vez por eso debió esperar más de tres décadas hasta que la Academia se decidió a premiarlo con el Oscar, tras nominarlo una decena de veces. Y fue en 1987 por su actuación en "El color del dinero", donde no hizo más que apelar a su oficio y reeditar para Martin Scorsese un personaje que ya había realizado en los años sesenta.
Admirado por su ductilidad, carisma, y desenvoltura frente a las cámaras, trabajó a lo largo de medio siglo a las órdenes de grandes maestros del cine, una larga lista en la que figuran George Roy Hill, Robert Altman, John Huston, Alfred Hitchcock, Richard Brooks y Robert Rossen. Y se convirtió en un modelo a seguir para las nuevas generaciones de actores.
Poco a poco, el mundo del cine va perdiendo las estrellas que le dieron esplendor en sus distintas etapas. Y cada vez son menos las que vienen a llenar los espacios vacíos. Sin embargo quedan, entre otras, las más de sesenta películas protagonizadas por Paul Newman, un significativo consuelo.