Opinión: OPIN-04 El agua más urgente

Lo que antes significaba caminar con el agua hasta la rodilla, ahora se convirtió en un paisaje de desolación donde las osamentas, matorrales amarillentos y la tierra son mudos testigos de un tiempo mejor. Es la zona de los Bajos Submeridionales, donde se canalizó y el agua rápidamente se fue al río Paraná. Claro, cuando llovía.

Pero ahora después de más de 8 meses sin precipitaciones en la mayoría de los departamentos del norte, parece cortarse una de las sequías más feroces que haya soportado esta parte de la geografía santafesina y que memoriosos de la zona sindican como la más grave de los últimos 70 años.

Aljibes secos que ahora se llenan con el envío de camiones cisterna, molinos que no extraen agua porque las napas bajaron y lo que se saca generalmente ni los propios animales la toman por los elevados niveles de salinidad que posee.

Lagunas que jamás perdieron su caudal, ahora son un páramo. De esta forma los animales son condenados a una muerte segura porque sin el vital elemento y con nulas reservas para subsistir, los planteles vacunos sufren alarmantes pérdidas.

Las preguntas son a mediano y largo plazo: ¿Qué pasará con el stock ganadero de departamentos tan importantes como Vera, 9 de Julio y San Cristóbal? ¿Qué posibilidades ciertas hay de recuperar las miles de cabezas que murieron? ¿Habrá terneros para reponer el año próximo?

Entre tantas penurias ante la inclemencia climática surge el drama social. Qué harán los pequeños productores sin una actividad que sustente su existencia? Presidentes comunales ya dieron la voz de alerta ante un inminente éxodo rural hacia la ciudad. Mientras tanto, las precipitaciones parecen asomar lentamente y con registros menores que los lugareños reciben con alivio, pero están a la espera de la gran lluvia.