Opinión: OPIN-08 Perdonen mi desesperanza

Señores directores: Ser uno mismo en un mundo que no nos permite diferenciarnos es una batalla ganada. Ver o no ver, oír o no oír, entender o no entender, reír de tanta simulación, de tanta ironía, de lo grotesco... Es la vida. Todos sólo ven lo que aparentamos, no importa saber lo que somos, pues pocos lo advierten. Desde que el mundo es mundo, nadie nunca tuvo la culpa de nada. Es preciso zambullirse en necesidades espirituales, sentir, ansiar, amar con el valor de la verdad y el sol de la esperanza.

Hay opinadores sin racionalidad, sin fe, descontrolados, prejuiciosos, socialmente imperfectos, y el obrar con la verdad se ha hecho un oficio difícil, la verdad es lo que hace al opinador confiable. La sociedad logra el perdón para el usurpador, jamás perdona al soñador.

La historia se repite como farsa, situaciones complejas en provincias, desocupación, crisis energética, ola de robos, analfabetismo, la xenofobia que crece. No es ningún descubrimiento que el cuerpo docente viva con maltrato social y económico. ¿Es que toda filosofía pasó al dominio de la historia y lo que la multitud necesita es la mediocridad? Si nada es verdad, todo es mentira, perdonen mi desesperanza. A un señor poeta le preguntaron: ¿cuál es su sueño?: "Que siempre haya poesía", contestó.

Quien no emplea su talento para mejorar a los demás, es un espíritu limitado; vivimos días inundados de urgencias y sueños fracasados que causan el mayor dolor, identifiquemos lo que es importante y también lo que no lo es. "Todo debe hacerse tan simple como sea posible, pero no más" opinaba el genio de Einstein. Un dictador solía decir: "Hoy permito al sol asomarse antes que yo".

Que el argentino se organice, reclame sus derechos con justicia para todos, se reduzca la mortalidad de grandes y chicos; la pobreza no puede y no debe ser el problema en este "país de las maravillas". Perdonen mi desesperanza.

"El tiempo es todo, esperamos un tiempo" afirmaba Napoleón. La mejor globalización sería la de la resistencia. Somos amor, necesitamos amor, lo pedimos, lo damos, lo recibimos. En medio de la agitación de la vida cotidiana, recordemos el saber superior de Goethe, la ética de Spinoza, la supremacía de la voluntad de Schopenhauer, las confesiones de San Agustín, las utopías de Tomás Moro, las parábolas de Kafka, el sentimiento trágico de la vida de Unamuno.

La moral se dirige a una crisis total. Sin reglas el mundo ya no será mundo, la incertidumbre pende sobre nosotros como una espada de Damocles. Perdonen mi desesperanza.

Clary Miroznik German.

Ciudad.