Escenarios & Sociedad: SOCI-05
En la Feria del Libro y ante una nutrida concurrencia
Presentaron "Calles de Santa Fe"
Se trata de la segunda edición de la obra de Miguel Cello, y constituye la primera publicación conjunta de la Universidad Nacional del Litoral y la Municipalidad de Santa Fe.

En el auditorio principal de la Feria del Libro, se presentó el libro "Calles de Santa Fe. ¿Por qué? ¿Por quién?", del periodista Miguel Cello. El rector de la Universidad Nacional del Litoral Albor Cantard y el intendente Mario Barletta participaron en la presentación junto al autor.

El rector señaló la importancia de publicar una nueva edición de la obra de Cello, debido al éxito que tuvo la primera en la aceptación de los santafesinos. El intendente señaló que para la Municipalidad es un orgullo coeditar esta obra junto con la UNL y destacó que "un libro sobre las calles hace a la esencia de la identidad de una ciudad". Además, anunció que elevará en los próximos días un proyecto al Honorable Concejo Municipal para que una de las calles de nuestra ciudad lleve el nombre de Gladys Senn de Cello, madre del autor, quien fue una reconocida docente y funcionaria de la educación y que falleció en 1999. La iniciativa despertó un caluroso aplauso en el auditorio.

Por qué somos lo que somos

El periodista Miguel Cello se mostró agradecido con las personas y entidades que hicieron posible esta segunda edición de su obra, ampliada, corregida y con un prólogo del recordado Jorge Conti. A partir de ahora, explicó Cello, los derechos de su obra serán cedidos a la Municipalidad de Santa Fe y la Universidad Nacional del Litoral para que, en adelante sea una obligación de las autoridades que se sucedan.

"Es probable que quien conozca las calles de su barrio encuentre la explicación de por qué somos lo que somos. Yo estoy orgulloso de ser santafesino, de los actores que tenemos, de los músicos, los escritores, los deportistas, los científicos, los docentes y aquellas mujeres y hombres anónimos que todos los días silenciosamente hacen cosas por esta ciudad. Espero que dentro de unas décadas estén en este libro los nombres de quienes hoy gobiernan la ciudad, la provincia y la universidad pública", destacó el autor.

Cabe rememorar las palabras escritas por el recordado Jorge Conti para el libro de Cello. "Las calles de Santa Fe -destaca el periodista- tienen nombres. Sin embargo, para cada uno de nosotros son -antes que nada- una atmósfera, un color, un perfume particular que se entrecruzan con recuerdos personales y que son más fuertes que los nombres o, más bien, han terminado por "ser" esos nombres. Decimos "avenida Urquiza' y no pensamos en el vencedor de Caseros y director de la Confederación, salvo en segunda instancia y por una circunstancia particular. Lo que visualizamos son sus árboles, sus esquinas abiertas, sus semáforos, la Legislatura allá en el sur, el Ministerio de Agricultura al norte, la plaza de los Constituyentes o ese aire de principios de siglo que le da el Colegio Nacional, como si todavía pasara por allí el tranvía.

"Pero si caminamos por calles que se llaman "Pedro Tappa', o "Ignacio Roca'o "Enrique Príncipe', es probable que ni aún proponiéndonoslo podamos rescatar su significado histórico y sólo existan para nosotros como una atmósfera particular, un modo de ser de sus siestas y sus noches, el color de sus mañanas o los rincones que albergan quién sabe qué encuentros y desencuentros anónimos. En todo caso, los nombres terminan por ser lo que esas calles son como representación en el imaginario social y personal y lo nombrado (prócer, acontecimiento, homenaje) se diluye en el mundo de la experiencia".

Laberinto de nombres

"Vivimos -sigue diciendo en su texto Conti- en un laberinto de nombres y paisajes que asociamos a ese otro laberinto, el de nuestras percepciones y evocaciones personales.

"La condición para develar el secreto de todo laberinto y sin embargo dejar intacto su poder de misterio, es la paciencia. Dos años ocupó Miguel Cello en destejer una de sus tramas: la del origen de los nombres de las calles santafesinas. Nadie hace algo así, si primero no se formula él mismo la pregunta. Pero no todos los que se hacen la pregunta se deciden a buscar la respuesta. A Cello el interrogante lo habrá perseguido durante mucho tiempo. Habrá recorrido las calles más lejanas, más recónditas o más marginales y -sin renegar de su identificación por el sentimiento, la imagen o el recuerdo- se preguntó innumerablemente por qué se llaman Grigolato o Ruiz, o algo a la vez tan grandilocuente y movilizador como Liberación.

"Hasta que un día -finaliza el prologuista- se cansó de jadear de esas incógnitas y se puso a investigar. A partir de allí imagino incursiones a los archivos municipales, a polvorientas bibliotecas, a organismos provinciales y universitarios a documentos históricos. La pregunta era siempre la misma: ¿por qué se llama así?, ¿quién era?, ¿qué hizo? ¿cuánto vivió? Cada uno de nosotros podrá seguir alimentando su propio laberinto con las incitaciones que las calles de la ciudad le propongan: "Esa es la calle que recorría cuando iba al secundario", "aquí una mujer me besó en la boca por primera vez", "en esa esquina fumé mi primer cigarrillo", "aquella calle me recuerda la infancia", o "esta otra me gusta por sus atardeceres tranquilos". Pero lo que nadie a partir de este libro tendrá derecho a ignorar es -como escribió Borges- "lo que se esconde en el nombre". Esa parte del laberinto la ha develado Miguel Cello y ahora es propiedad común, como lo es toda oscuridad convertida en conocimiento.

"Hay un itinerario de presencias, encuentros, memorias, imágenes y sensaciones que es en parte un itinerario histórico que supone un relato y ese itinerario es el que ha recorrido Miguel Cello a través de calles y de nombres. Como un mapa, pacientemente levantado, nos organiza el caos aunque entre consulta y consulta nos extraviemos nuevamente en él".

De la Redacción de El Litoral