Cultura: CULT-01
Entrevista al VIII Premio Casa de América de España
Jorge Boccanera, el poeta nómada
Sin fórmulas. "Cada poeta requiere de diferentes experiencias para crear; no hay fórmulas", sostiene Boccanera. Foto: Agencia Télam.

El escritor y periodista argentino es uno de los más prolíficos del momento. Sus lectores esperan la publicación de "Palma Real", la obra premiada. Los viajes, los libros y los amigos.

Distinguido en España e Italia, de regreso de otro de sus innumerables viajes por Centroamérica, con el andar a modo de motor para su creatividad, Jorge Boccanera (56) sigue considerando a la poesía la mejor excusa para detenerse un momento a conversar.

La excusa, en esta oportunidad, es la obtención del VIII Premio Casa de América, en España, por su libro inédito "Palma real".

Me contabas que por la repercusión del VIII Premio Casa de América se tapó la difusión de otro, concordante en fecha, con el que te distinguieron en Italia: ¿cuál es y qué evaluación hacés de cada uno?Todo reconocimiento al trabajo de uno es importante, aunque no hay registro de lo que esos libros costaron, como si cada día lo digo en un poema, haya que amansar el mismo animal fiero. Respecto de la evaluación de esos premios: el Premio Internacional Camaiore de Italia recae en la traducción de "Sordomuda", un libro con el que intenté dar cuenta del propio hacer poético, utilizando un personaje y no apelando, como se ha hecho siempre, a conceptos. Es un libro extraño que ha caminado mucho solo, tanto que lleva ocho ediciones. El otro premio, el Casa de América de España, es por el inédito Palma Real, que empecé en parajes selváticos y de montaña en Costa Rica en 1995 y corregí durante una docena de años. Habrá que ver cómo se recibe un libro cuyo personaje central es una palmera que se desplaza y una selva que, en lugar de crecer, imagina; mejor dicho: ésa es su manera de crecer. Ambos galardones son bien recibidos, pero uno no vive de premios, sino de la vida o muerte que respira en la calle. Quienes lo conocen le han oído decir que en tiempos de la última dictadura militar argentina tuvo que exiliarse, y que en ese trajín se fue caminando y llegó hasta México; se sabe también de su inquietud en cuanto a viajes continentales y transcontinentales: dirige una revista que se llama "Nómada". Ä¿Sos un nómada que transfiere su experiencia a la poesía, o quizá un poeta que requiere de la actividad del nómada para nutrirse y crear?Cada poeta requiere de diferentes experiencias para crear; no hay fórmulas, ni suelo dar línea al respecto. Me exilié en el '76 y soy refugiado de Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Viajé casi siete meses antes de llegar a México y me descubrí nómada, por varias razones: una mirada indagadora, el paso hacia lo que uno desconoce y a dejarse armar por lo diferente. Mi curiosidad como periodista hizo el resto, más una fragmentación familiar y de afectos y amigos, que me ha llevado de aquí para allá durante décadas. El viaje, por otro lado, está metido en mis libros de historias de vida (personajes del camino, que tienen la llave de la calle) y poemarios como "Palma Real". Sobre tu pregunta, creo que sí, que es bueno que el poeta sea nómada en el sentido de que su imaginación pueda desplazarse, movilizarse, engarzarse con otras percepciones, otras realidades, otros misterios.

Poeta nómada

Esta característica de poeta nómada tiene un episodio personal poco común y de mucha riqueza. En una ocasión agarró la mochila y se fue con su hijo hasta Japón. La historia posee varias anécdotas imperdibles.

Ä¿Cómo fue la decisión de partir de mochilero con tu hijo?ÄDicho así, parece el arrebato propio de un aventurero. No fue tan así, pero sí hubo aventura. Yo había ido una primera vez, en 1996, a un encuentro en la ciudad de Maebashi, invitado por la poeta Satoko Tamura, quien había traducido poemas míos al japonés. Sucedió que, ante la posibilidad de un segundo viaje, le pedí a Satoko que me consiguiera un cuarto o una pensión en los arrabales de Tokio; me interesaba ir con mi hijo Roberto, entonces adolescente, para estar con él en ese recorrido, y porque pensé que a él, que dibuja historietas, le iba a gustar. Ese viaje fue muy largo e incluyó ciudades de México y Los Ángeles, en Estados Unidos. Me gustó estar un tiempito en ese barrio japonés, a una hora del centro de la capital, compartiendo la cotidianidad de esa gente sencilla y sumamente amable. Me asomé a su mundo gestual, demorado, marcado por rituales y me sentí a gusto. Ä"Palma Real" lo iniciás en Costa Rica. De los lugares que conocés y en los que viviste, ¿Costa Rica es un país que adoptaste como propio? ¿Tenés raíces allí?ÄConocí Costa Rica en 1976, en el periplo hacia México. Yo venía de Panamá atravesando el Cerro de la Muerte en colectivo, y conocí allí a grandes amigos como el narrador Joaquín Gutiérrez y el poeta Rodolfo Dada. El primero me cautivó desde el principio: traductor de Shakespeare, viajero en China, amigo de Neruda, corresponsal de guerra en Vietnam, maestro internacional de ajedrez, autor de novelas y libros infantiles. Yo tenía veinte años y seguía la voz de ese hombrón al que apodaron "el caballo de hierro", escuchando todas sus historias. "Popo" Dada es mi hermano. Su poesía habla del mar y los pescadores, ya que él mismo ha sido pescador y buceador. Acaba de obtener el Premio Nacional en su país por sus libros de literatura infantil. Dada peleó en la guerra nicaragüense. Me divagué un poco. Decía que fui en el '76 y regresé en el '89 para quedarme hasta 1997, aunque después de eso seguí yendo. Es más, hace unas semanas que regresé de allí. De manera que, como México, donde viví casi 8 años, también representa mucho para mí. Mi hijo vive allí. Y "Palma Real" nació en ese territorio, en zonas de montaña, de bosques nubosos, de anchos ríos, de follaje atiborrado, de selva...

Una puerta a la indagación

ÄEn una entrevista en razón del premio Casa de América (www.igooh.com.ar/Nota.aspx?IdNota=23116), decís que "hoy la poesía está más en foco", y que "quizá busque hoy la gente en la poesía, movilizarse, jugar, indagar, interpelar". Materialmente, ¿en qué actitud de la gente ves esa puesta en foco? ¿Eso también ocurre, a tu modo de ver, en Argentina?

ÄCreo que en la época tremenda que estamos viviendo, donde el autoritarismo más extremo se corresponde con el bombardeo de lo frívolo, se da la búsqueda de algunos jóvenes hacia aquello que no tenga que ver con lo rígido y sí con la imaginación, lo lúdico. La contracara del individuo seriado, fragmentado, aturdido, alienado, despolitizado, frustrado, es la de aquel que busca la libertad. Y la poesía puede ser una puerta a la indagación profunda. Además creo que debemos restaurar una solidaridad (no confundir con asistencialismo) frente al ciudadano descartable que propone el sistema. El solidario se humaniza y sabe, como lo dijo el poeta César Vallejo al resumir una idea contundente de comunidad, que: "Se debe todo, a todos".

ÄNo la temática, que de por sí es universal, pero sí los elementos estéticos y de estilo de los que te valés para expresarte, ¿te definen un escritor reconocible como latinoamericano? O sea, ¿pintás tu aldea en tu poesía y esa aldea es América Latina?ÄPara algunos críticos soy un poeta urbano, y de Buenos Aires, mientras que para otros soy latinoamericano, por el tema del viaje y la mención de diferentes lugares. No lo sé. Pero sí sé que el jadeo del viaje se metió en mi respiración, y por ende en lo que escribo. No sabría tampoco definir ni caracterizar la poesía que escribo, lo dirán los críticos, si les interesase decir algo, aunque hay términos, giros, olores, sabores, músicas en mis libros que recogen la vida de la gente de muchos pueblos. Sin ir más lejos, mi primera antología se llamó Marimba, en base a ese instrumento que trajeron los esclavos de África, y que se propagó mucho del sur de México a Panamá.

Enseñar poesía

ÄNo sólo hace poesía cuando escribe, también cuando dirige la revista cultural Nómada, y la Cátedra de Poesía Latinoamericana de la Universidad Nacional de San Martín, en Buenos Aires. Siendo la poesía de las expresiones artísticas más anárquicas, menos encasillables o fáciles de membretar, ¿cómo se enseña poesía desde esa cátedra en la Universidad?

ÄEs una buena pregunta. En principio no tengo un programa porque la idea de la poesía latinoamericana, mejor dicho sus cruces, van cambiando continuamente en mis reflexiones y estudios. Yo doy sobre todo la poesía de ruptura que irrumpió en América Latina en los años '20, y más que basarme en sus proclamas y manifiestos, apunto a los cruces, las correspondencias subterráneas, los debates de la vanguardia, ya que por estos lares nadie acató obedientemente a los "ismos" que llegaban de Europa. De tal modo que lo mejor que nos legaron nuestros poetas fundadores ÄVallejo, Cardoza y Aragón, Girondo, González Tuñón, Salomón de la Selva, Joaquín Pasos y otrosÄ fue no haber formado escuelas, sino habernos dejado una gran libertad para crear echando mano a todo aquello que fuera afín a la manera de crear de cada uno.

En este sentido, el de los cruces culturales no sólo me nutrí por los libros, sino por los viajes, en los que llegué a conocer a muchos poetas longevos que habían protagonizado estas vanguardias, como el guatemalteco Cardoza, el panameño Sinán, el mexicano List Arzubide, el peruano Xavier Abril, el nicaragüense Coronel Urtecho y los cubanos Zacarías Tallet y Nicolás Guillén, entre otros. La poesía hay que enseñarla fuera de dogmatismos, envuelta en su propio asombro, acercando experiencias disímiles, dando información, claro, pero también ampliando un registro de búsquedas poéticas que en general desconocemos en Argentina, ya que hemos sido bastante indiferentes a la literatura de los pueblos hermanos.

Sergio Ferreira[email protected]