El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha obtenido un importante respaldo político en el referéndum celebrado el pasado domingo, aunque habrá que ver cuáles son sus consecuencias internas en el actual contexto internacional. Correa se identifica ideológicamente con las experiencias políticas que en Bolivia y Venezuela llevan adelante Morales y Chávez.
Su adscripción al sedicente "socialismo del siglo XXI" parte del principio de considerar que la pobreza que padecen los sectores mayoritarios de la población es una consecuencia de las perversas políticas del neoliberalismo instrumentadas desde Estados Unidos. A partir de ese presupuesto se desprende un conjunto de iniciativas políticas cuyo objetivo central es mejorar la calidad de la vida de la población valiéndonos del poder del Estado para llevarlo a cabo.
Adecuada al siglo XXI, la propuesta de Correa reitera los tradicionales tópicos del populismo latinoamericano. Mientras la retórica habla de resolver los flagelos de la pobreza, la realidad ha demostrado que no sólo no la resuelven sino que en más de un caso la agravan a través de los dispositivos típicos del clientelismo y la demagogia. La insistencia en el reparto de la riqueza no ha dejado nunca de ser un recurso discursivo que en la mayoría de los casos no produjo ninguna consecuencia en la realidad. Lo que se fortalece en los regímenes populistas son los dispositivos del poder, la presencia política del líder, mientras que la economía se paraliza y crece la burocracia estatal con sus cuotas de corrupción y parasitismo.
En Ecuador, el tema indígena sigue siendo una cuestión central que es preciso resolver en términos de integración social y desarrollo. Incluir a estas mayorías al sistema económico contemporáneo significa prepararlas para que estén en condiciones de desenvolverse. La educación se transforma así en un valor estratégico, tal como lo entendieron las naciones asiáticas que iniciaron el camino del desarrollo a través de la educación.
Preparar a las grandes masas para que estén en condiciones de asumir los desafíos de su tiempo es un tema que a los caudillos populistas no les interesa o consideran menor. Más reconfortante es el escenario de multitudes en la plaza y el caudillo en el balcón prometiendo conquistas sociales y denunciando a los enemigos del pueblo.
Correa supone que con el poder político que le otorga el referéndum podrá llevar adelante sus planes. La crisis financiera conspirará en parte contra sus ambiciones ya que, muy a su pesar, la debacle de las finanzas en Wall Street perjudicará en primer lugar a los países productores de materias primas.
Por otro lado, estos populismos que invocan ser la encarnación misma de la nación deben lidiar con fuertes oposiciones internas. En el caso de Ecuador, la ciudad más moderna, Guayaquil, es opositora a Correa y esa resistencia expresa el rechazo de la modernidad a ensayos políticos anacrónicos que en nombre de una supuesta "causa popular" reproducen los vicios más detestables de un sistema injusto.