Opinión: OPIN-04
Al margen de la crónica
Solidaridad con los rehenes

¿Qué opción tiene el usuario del transporte público de pasajeros cada vez que la Unión Tranviarios Automotor decide un paro? Muchos responderán que pueden tomarse un taxi, un remís o bien poner en actividad los pies y caminar. Sin embargo, para las primeras dos opciones hay que disponer de dinero y para la segunda, más económica por cierto, de tiempo.

Ir a trabajar, a estudiar, al médico o a hacer trámites, es decir a cumplir con las obligaciones cotidianas, fue por estos días -y lo seguirá siendo de no solucionarse el conflicto- una gran molestia para los usuarios de colectivo puesto que, mientras los choferes nucleados en UTA reclaman el cobro del aumento salarial acordado en paritarias a nivel nacional y dos cuotas de aumentos anteriores que están atrasadas, muchos de ellos no pueden llegar a horario a sus respectivos lugares de trabajo, por más precavidos que sean, y hay alumnos que deben faltar a la escuela.

Empresarios y trabajadores del transporte parecerían ser los únicos involucrados en un conflicto que se repite varias veces al año. Pero la Municipalidad también lo es en su potestad de representar a los usuarios del servicio y defenderlos, aunque en la calle sean pocos los que se sientan representados y defendidos cuando al finalizar del día calculan el dinero gastado en taxi o remís.

Si el reclamo de los trabajadores es justo o no o si la solución está en la llegada de subsidios nacionales o en el aumento del boleto son cuestiones que deberían ser ajenas a las personas que demandan del servicio público de pasajeros. Sin embargo, repercuten sobre manera en ellas porque terminan siendo los únicos perjudicados. Teniendo en cuenta ello, ¿no se podrían implementar medidas de fuerza que afecten a quienes corresponda pero no la gente trabajadora o al estudiante que debe ser educado? Sí las hay, sólo hay que querer encontrarlas teniendo como base la solidaridad hacia las personas ajenas al conflicto, es decir, los usuarios.