José Luis Pagés
Un vehículo utilitario -una trafic blanca según descripción de los vecinos de barrio San Agustín II- habría reaparecido ayer para, al igual que en décadas anteriores, llenar de zozobra e incertidumbre a los padres de niños que supuestamente son seguidos y fotografiados con intenciones desconocidas.
Blanca, sin chapa patente y con vidrios polarizados, la misteriosa unidad recorre lentamente las calles de la populosa barriada situada al noroeste de la planta urbana, y esta vez lo hace escoltada por un segundo rodado, un automóvil de cuatro puertas cuyas características ofrecerían los denunciantes a la autoridad policial.
Siempre detrás de los chicos -más aún, de las chicas- los desconocidos ocupantes de esos vehículos los llaman e invitan a salir de paseo, pero también los apuntan con cámaras fotográficas para llevarse sus imágenes impresas en lo que parece un casting callejero, actitud que hace temer por la suerte de los elegidos.
Años atrás se decía que una trafic blanca cuyos ocupantes permanecían ocultos tras los cristales oscuros iban tras los chicos para robarlos y ofrecer sus partes en un tétrico mercado clandestino dedicado a la ablación y trasplante de órganos.
Aquella suerte de leyenda urbana caló tan hondo entre los pobladores de San Agustín que en una oportunidad el conductor de una trafic fue atrapado en el Camino Viejo y estuvo a punto de ser linchado por una turba enfurecida. Sólo una oportuna intervención policial evitó una desgracia mayor. El hombre, a duras penas rescatado, resultó ser un repartidor de comercio que se había extraviado y hacía preguntas para volver a su recorrido habitual.
Ahora aquellos temores quedaron atrás, pero la trafic reaparece en un contexto social donde son frecuentes las denuncias por desaparición de niñas y adolescentes que presuntamente dejan sus hogares por decisión propia o atraídas por las engañosas ofertas de personas mayores, que en esta u otras provincias las convertirán en esclavas sexuales.
La sospecha del momento resulta un tanto menos fantasmagórica que aquella otra que hacía de la trafic una suerte de quirófano ambulante y justifica una investigación rápida, seria y profunda para llegar a la verdad que devuelva la tranquilidad a un vecindario sensibilizado por relatos que tanto pueden tener de fantástico como de verdadero.
Fuentes de la Unidad Regional I, dijeron que en la Seccional 7a. -en cuya jurisdicción tiene asiento el barrio San Agustín no existe denuncia escrita sobre el particular-, no obstante podemos asegurar que la inquietante versión que aflige a los vecinos no sería desconocida el ámbito policial.