arte: ARTE-03 Las primeras páginas de "Verás que todo es mentira"

Si no fuera por María José... desaparecería. No sé dónde, aunque pensándolo mejor, también necesito descansar. Claro que prefiero hacerlo lejos de aquí. Sobre el Adriático o en Mallorca. Fue en Palma donde conocí el verano pasado aquel ruso blanco. ¿Te acordás? Tocaba todo el tiempo y no precisamente el piano. Decía ser un enamorado de la música. Tres meses de sinfonía en fa mayor. ¿Te imaginás? Como si no me conocieras. íQue me vengan a mí con el cuento de que los hijos no esclavizan! Fijate en mí. Aquí me tenés en Buenos Aires, sin más esparcimiento que las óperas del Colón o un réveillon en el Tigre Hotel. Y justo en esta época del año. Podría estar en Estoril o Niza. Ya sé que a vos nunca te dio por los viajes. Tu metejón siempre fue Buenos Aires. Te parecés a ese cantorcito tan de moda. ¿Carlos Gardel o Carlos Morel? íNo sé! Suena algo parecido. Sos lo que se dice la orillera de la familia. íTonta! No pongás esa cara. ¿O no sabés que a mí me gusta hacerte rabiar? Pensé que podría pasar las vacaciones escolares junto al mar. Me embriaga el mar en invierno, sobre todo Mar del Plata, pero no, María José la tiene con la montaña. Debe ser en lo único que se parece al padre. Marcharé resignada a recluirme dos semanas en La Falda, sin mirar atrás. Mirá si todavía me convierto en estatua de sal como la señora de Lot. Descarté ir a la casa de Carrasco. Prefiero jorobarme en la docta Äcomo dice la cursi de la RobirosaÄ antes que soportar a la familia de Ezequiel. íTodos fallutos! íUruguayos! Con eso está todo dicho. Claro la culpa fue únicamente mía. Acepté casarme con él como se acepta una dragée. De puro golosa. Hoy no transaría con imposiciones de esa naturaleza. ¿Te acordás cómo fue la cosa? Además yo era tan joven... bueno, no tan joven. Es un decir. Una es mujer y se deslumbra con cualquier cosa. íPor favor! No vayás a pensar que estoy refiriéndome a Ezequiel. Nunca hablo así de nadie, menos del padre de mi hija. Hablo en general, ¿no? Comme si nous disions. Tampoco me quejo. ¿Debo hacerlo? Me sirvió de experiencia. Quizá debí ser más consecuente pero no es mi fuerte. Me conocés bien y cuando no se tiene nada en común, hay que ponerle el punto final. Que fue lo que hice. Por mi parte considero que fui valiente. Por la de él... íNo sé! Conste que no elegí el momento más oportuno. ¿Te acordás cómo estaba en esa época? Parecía un hipopótamo. Cómo engordé con el embarazo de María José. A pesar de mi estado dije: íno va más! Debí parecer un croupier. ¿Te hablé alguna vez del que conocí en Montecarlo? Si no te conté, mejor no te cuento. Me consuela pensar que, en La Falda, me desahogaré en la casa de Adelita Lastra Udaondo jugando a punto y banca. Vos preferís la rula. A mí no me produce ninguna emoción. "La emoción es la salsa de la vida". Lo leí en un pensamiento de Caras y Caretas. Y cuando yo no me emociono... lo mando todo al diablo. Hipócrita nunca fui. Me conocés bien. Si fuera a vivir cien años... ¿Te parece que me prive por cincuenta o setenta miserables años? No necesitás decir nada. Sé cómo pensás. Discrepamos, querida, discrepamos. Como el presidente Justo con el doctor Alvear. ¿Sabés la última? Lo trajeron a Santa Fe en el vapor General Artigas y ahora está preso en la isla Martín García. ¿Qué me contás? Y pensar que Lisandro de la Torre anda suelto con todas esas calumnias que levanta por ahí. Cosas de locos, ¿no? Che, acompañame a La Falda. Yo convenzo a Fernando. No me vengás con tu eterna excusa. Traé también a los chicos. Las muchachas lidiarán con ellos. ¿Qué te parece la idea? Hasta soy capaz de jugar sólo a la rula para hacerte compañía. ¿Te imaginás el sacrificio? Una forma de devolverte el cumplido. íTengo tanto y tanto de que hablar con vos! Nada en particular. Sólo necesidad de... Seguro que vos también pasaste por uno de esos períodos. Hay una época para todo, ¿no? La edad es decisiva. Te odio si me recordás los años. Apenas diez o doce o... No sé cuántos más que vos pero no muchos, ¿eh? Che, ¿se nota que estoy cerca de los... íNo! íNo puedo, querida! No puedo pronunciarlos. Sería como si volviera a nacer. Me embriaga sólo la idea. Necesito hablar con vos como nunca antes lo hice. Vos con tus hijos y yo con mis viajes, el caso es que en todo este tiempo no hemos tenido cinco minutos para nosotras...

Por J. Pérez Carmona