El título de este artículo parece una paradoja (lo es), una contradicción (lo es) pero en medio de lo paradójico y contradictorio revela la única gran verdad de todo lo que ha pasado con Alfio Basile: se dio cuenta de que estaba sobrando, que no tenía brújula ni rumbo, que estaba absolutamente confundido y sin saber para dónde disparar; allí fue cuando "vio la luz" e hizo lo único que le quedaba, que era renunciar.
Alguna vez, Pablo Neruda escribió: "Cualquier momento es bueno para empezar y ninguno tan terrible para claudicar". Sin embargo, Basile necesitaba hacer cosas que, verdaderamente, no estaban a su alcance. Había que solucionar un evidente problema interno con un "vestuario" que se le había ido de las manos (justo a él, precursor de códigos de convivencia y defensor acérrimo de la salud colectiva de un plantel) y había que ponerse a trabajar para encontrarle variantes y hasta un recambio a un plantel que no le daba respuestas futbolísticas.
Con poco apoyo dirigencial y sin onda con los jugadores (¿vieron lo que dijo Messi?, que hacía falta un recambio), Basile estaba equivocado en todo. ¿Cómo puede ser que un técnico "antiguo" en la forma de parar sus equipos, juegue con tres "5" en el medio?, ¿cómo puede ser que un técnico ofensivo como él, mantenga la línea de cuatro y agregue volantes de marca jugando con Perú, aunque haya sido en Lima?, ¿cómo puede ser que un técnico como él arme una defensa sin marcadores de punta que le den salida y variantes al equipo?
Basile fue el verdadero precursor de una división que parece instalada en el plantel. Su defensa acérrima a Riquelme Äy sus prerrogativas hacia élÄ marcaron algunas diferencias con el resto. Estamos hablando de un plantel de jugadores multimillonarios y llenos de un "ego" que es difícil de manejar, pero hay que intentarlo y con tacto. Por eso, una vez Grondona entró a un vestuario y le dijo a Messi para que todos escuchen: "Agarrá la pelota y hacete dueño del equipo". Entre Messi y Riquelme no hay onda, pero él no hizo nada para acomodarlo.
Sin trabajo Äni miras de ponerse a hacerloÄ, sin claridad para elegir a once jugadores que jueguen a algo, aunque más no sea complementándose naturalmente, en un universo de miles que tiene para elegir, y hasta metiéndose en algo que él, indudablemente, no conoce (el de toquetear el esquema para ir modificándolo), Basile había entrado en una confusión absoluta.
No es el único responsable, porque nunca una sola persona tiene la culpa de todo. Parte de ella es de los jugadores. Pero, indudablemente, Basile tuvo un solo rapto de claridad en medio de una oscuridad total, y fue el de renunciar.