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Agustina Mai.[email protected]
Son jóvenes, estudiantes y extranjeros. Llegaron a Santa Fe a mediados de agosto para vivir la experiencia de cursar un cuatrimestre en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). El Litoral dialogó con siete de los 40 que se alojan en una de las residencias para alumnos extranjeros: Marcelo (Sao Pablo, Brasil, 22 años, estudia ingeniería química), Mario (Catacamas, Honduras, 24, ingeniería agroindustrial), Laura (Toulouse, Francia, 21, ingeniería ambiental), Amelie (Normandie, Francia, 22, ingeniería ambiental), Javier (Montevideo, Uruguay, 26, arquitectura), Luciane (Porto Alegre, Brasil, 21, letras) y Eduardo (Sao Pablo, 21, ingeniería química).
Casi todos señalaron a la Costanera como una de las cosas más lindas de la ciudad. "Es muy bonita, sobre todo para los fines de semana". También coincidieron en su concepción de la gente. "Las personas son más simpáticas de lo que creía. En la facultad se me acercan todos para invitarme a un asado. Soy hincha del asado!", dijo Marcelo (Brasil). A todos les encanta la carne argentina y cada vez que pueden hacen un asadito.
"Lo mejor es la gente, siempre que necesité una dirección o una ayuda, me la dieron de la mejor forma. Nos hemos hecho amigos que parece que los conocemos de la infancia", sostuvo el joven de Honduras.
Otra de las cosas positivas, según Javier (Uruguay), es que "siempre hay algo para hacer, cualquier día de la semana. Si bien no es una ciudad del tamaño de Buenos Aires, siempre hay movimiento en la calle".
Por otra parte, Marcelo aseguró que le encanta la siesta. "En Sao Pablo no hay siesta, es como Buenos Aires. Acá es mucho más tranquilo".
La belleza de las santafesinas es otro de los aspectos positivos. "Ni en Buenos Aires vi chicas tan bonitas como acá", deslizó uno de los jóvenes. Todos asintieron, incluso las mujeres.
"Los primeros días, cuando me escuchaban la tonada me cobraban otro precio: en un quiosco pagué $7 una gaseosa de $2,50. Ahora sólo compro en el supermercado porque puedo ver los precios", contó Mario (Honduras).
Laura (Francia) dijo que le pasó lo mismo con los taxis y aseguró: "Esto pasa en América Latina porque en otros lugares no se aprovechan de los turistas".
Por su parte, la brasilera Luciane señaló como negativo que no le tienen paciencia con su "portuñol": "Me parece que no están muy acostumbrados a recibir gente de afuera, entonces no tienen mucha paciencia cuando uno no puede decir lo que quiere". El principal problema lo tuvo en los negocios de ropa: "Los talles son distintos, entonces no sé cuál es mi talle acá".
Si bien desde la residencia les recomiendan a los jóvenes tener cuidado por la inseguridad, la mayoría considera que Santa Fe es una ciudad tranquila.
Todos se horrorizaron por la falta de respeto hacia las normas y pautas de tránsito. "Es increíble, ni en Tegucigalpa se maneja así. Y eso que se dice que el que maneja allá, puede hacerlo en todo el mundo. Pero acá es increíble, todo el tiempo se escuchan frenadas", dijo Mario. En Honduras no usar el cinturón de seguridad es una infracción que "se paga con un dolor terrible porque es muy cara" y si uno circula en moto sin casco, le decomisan la moto.
"Salís y no sabés si vas a volver". Esta frase podría aplicarse al tema de la inseguridad, pero Javier se refería al tránsito. "En Uruguay hay una ley nacional de tránsito bastante exigente. Acá se ve la diferencia: en todas las esquinas están las cebras (sendas peatonales), pero nadie las respeta. Eso es confuso". "No entiendo cómo funciona aquí el tránsito. Siempre que cruzo tengo miedo de que me pase algo", concluyó Luciane.
"Lo que me llamó la atención es que en mi país la gente que pide es porque tiene algún impedimento para conseguir su alimento, por una discapacidad o por su edad. Pero acá veo gente sana, de mi misma edad, que puede trabajar, pidiendo en la calle", comparó Mario (Honduras).
Javier (Uruguay) estuvo recorriendo algunos barrios donde notó la pobreza, aunque no se sorprendió porque la crisis de 2001-2002 también golpeó a su país. Las que sí se alarmaron fueron las francesas. "Me sorprende ver gente pobre y al lado negocios con gente comprando. Es difícil entender que haya tantas personas en la calle y tanta gente dentro del casino", dijo Laura. Luciane aseguró que "acá no hay tanta pobreza como en Sao Pablo".
Mario aseguró: "Si yo fuese una autoridad de mi país, adoptaría el modelo de recolección de basura con carros tirados por caballos porque allá se usan camiones, que contaminan el ambiente. La fuerza de un animal es más económica y menos contaminante", Fue necesario aclararle que es un sistema informal.
Los jóvenes compararon el transporte público de Santa Fe con el de sus países. A las francesas les llamó la atención que un boleto sirva para un solo viaje y un solo medio de transporte. "Acá tenemos que comprar dos tickets si tomamos dos buses. Eso está mal porque en Francia comprás un billete y es para una hora: si cambiás de colectivo, usás el mismo ticket", explicó. Por ejemplo si uno va al centro, hace un trámite y regresa antes de que pase una hora, usa el mismo boleto; o puede hacer combinaciones entre distintas líneas.
La misma situación se da en Sao Pablo. Marcelo contó: "El mismo pasaje te sirve para el colectivo y el subte y tiene validez por tres horas. Es caro, vale como $3, pero se pueden hacer varias combinaciones". Además, Laura explicó que en Toulouse las personas se organizan para compartir el auto: "Arreglan para ir juntos en el mismo carro. Para ir a trabajar y para volver".
La falta de monedas fue otro de los temas que surgió en relación al transporte: "El tema de las monedas es un gran problema acá; siempre están preguntando si alguien tiene monedas. En Brasil hay un conductor y otra persona que cobra, entonces uno puede pagar con billetes", ejemplificó Marcelo.