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Análisis
Más diálogo, menos choque
Por Guillermo Villarreal

La Conferencia Episcopal Argentina logró un justo equilibrio en todas sus líneas, tras una asamblea plenaria electiva en que debió sopesarse la actitud conciliadora de la mayoría, con la demanda de posturas "más duras" en cuestiones sociales y políticas de un puñado de obispos.

La reelección de presidente del cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires) por tres años significó una ratificación de su liderazgo, pero también el triunfo de la vertiente moderada, que prefiere la acción antes que el reclamo por el reclamo mismo, aunque sin rehuir a la firmeza doctrinal.

El primado argentino envió, además, señales discursivas de querer recomponer la tensa relación con el gobierno, al punto que comenzó a especularse con una audiencia de la nueva mesa ejecutiva con la presidenta Cristina Fernández, para llevarle un "saludo protocolar" antes de fin de año.

Esa postura de mutua colaboración y diálogo, pero desde la independencia, también quedó plasmada en el documento presentado ayer. Texto donde bien común, consensos, políticas públicas, democracia en valores, institucionalidad y república, reconciliación y acuerdo nacional, aparecen como palabras-fuerza.

Pese al tono conciliador del escrito, la declaración conlleva, entrelíneas, una crítica solapada al estilo "K", al exigir que se anteponga el diálogo al "afán de dominio" y reclamar un "nuevo estilo de liderazgo" político y social que "supere la omnipotencia del poder y no se conforme con la gestión de las urgencias".

No obstante el planteo cuestionador, los obispos prefirieron bajarle el tono a esa lectura de confrontación, para "no contradecir lo escrito" o abrir un nuevo frente de tensión con el gobierno, explicó a DyN un vocero habitual.

La actitud componedora que la Iglesia dice querer imprimirle a su gestión pastoral se evidenció, además, en la confirmación de Jorge Casaretto (San Isidro) y Fernando Bargalló (Merlo-Moreno), en Pastoral Social y Cáritas, respectivamente. Los dos obispos son conocidos por su perfil dialoguista y el compromiso en el trabajo por "una Argentina sin excluidos". Escenario que la Iglesia estima "el ideal" para poder celebrar el bicentenario patrio.