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CULTURA
Amor al primer mordisco
Pura sangre. Vampiros hay de distinto tipo (y factor). Los de Stephanie Meyer son buenos y "vegetarianos", tienen superpoderes y se enamoran. Las claves de una saga que le debe más a las novelas románticas que al género de terror, que tiene millones de seguidores en todo el mundo y que ahora llega al cine. textos de Emerio Agretti.

"Hay tres cosas de las que estoy completamente segura. Primera, Edward es un vampiro. Segunda, una parte de él se muere por beber mi sangre. Y tercera, estoy total y perdidamente enamorada de él". ¿Qué chica en plena adolescencia podría resistir una enumeración como esa, indiscreta y astutamente extraída del final del capítulo X del libro "Crepúsculo" para "venderlo" desde la contratapa? A juzgar por las millones de fans que la romántica saga vampírica pergeñada por Stephanie Meyer lleva recolectadas en todo el mundo -y a las que hay que agregar un buen número de seguidores masculinos-, no muchas.

Y en ese breve texto publicitario se encuentra, a la vez, el eje temático que controla los cuatro libros que redondean la historia -más un quinto "adicional" todavía en veremos- y las claves del formidable éxito, que recién ahora llega a conocimiento masivo ante el inminente estreno de la película; el 21 de noviembre en Estados Unidos y el 1´ de enero en nuestro país.

Mi bella dama

Pero si hay que buscar claves, hay otras que aparecen claramente marcadas y que tienen que ver con lo que es y también con lo que no es la obra. En primer lugar, es una serie de novelas que encuadra perfectamente en el rubro "para adolescentes". Y en segundo lugar, aunque tenga a uno de esos seres como protagonista y a varios más como secundarios o antagonistas, no es una historia "de vampiros".

Veamos. La protagonista de la historia, narradora en primera persona, es una chica que atraviesa situaciones típicas de la edad -las inseguridades, las dificultades para encajar, la sensación de ser diferente y no ser comprendida-, reforzadas por un cambio de hogar y de progenitor a cargo, de escuela y de entorno.

Bella es, por supuesto, una gran lectora -cosa que no son en absoluto todas las adolescentes, pero sí, al menos en parte, las potenciales consumidoras del libro que podrían identificarse con ella- y se relaciona-confronta con el resto del mundo a través de la ironía y la introspección. Lo demás son los ingredientes habituales: las amistades, las atracciones y rechazos, los tironeos familiares y sociales, los bailes escolares y los avatares del crecimiento.

Y no es una historia de vampiros -en la acepción tradicional del término- porque la autora se desentiende de toda la literatura previa al respecto y los tópicos establecidos para el género. Al respecto, puede comprenderse que sus criaturas elijan salir a cazar animales salvajes para calmar sus ansias de sangre sin dañar a las personas con quienes conviven, pero resulta algo frustrante que se contradiga sin mayores fundamentaciones el efecto de las cruces, el ajo y el agua bendita, y se varíe sustancialmente la respuesta a los rayos solares. También se los dota de una serie de atributos más parecidos a "superpoderes" que a los sucesores de Drácula, incluyendo telepatía; aunque es justo decir que cosas parecidas se han visto en muchas películas.

Vade retro, Stoker

Un tópico interesante es la rivalidad con los hombres-lobo, que ha sido explotada recientemente en películas como "Van Hellsing" o "Inframundo" -aquí también con variante romántica-, e incluso en un muy popular video juego. Y también debe apuntarse como un acierto en orden a generar inquietud que no utilizan ataúdes para dormir... porque nunca duermen (como la criaturita de "La llamada").

Por lo demás, la autora se hace cargo de la estilización de los vampiros que consagró Christopher Lee en el cine y Anne Rice en la sucesión de novelas de Lestat (al punto que en el cine lo interpretó Tom Cruise, acompañado por Brad Pitt), sacudida por la dualidad establecida por el Drácula de Stoker (y recuperada por Cóppola) o en el retorno a la bestialidad del mito original, de la mano de John Carpenter, las dos "Abierto hasta el amanecer" o la reciente "30 días de noche".

De todos modos, hay que decir que esta prescindencia es una elección de la autora; un ama de casa mormona que, emulando a J.K. Rowling y su Harry Potter, saltó sin escalas del anonimato a la fama. Meyer confió que recién se puso a investigar sobre vampiros cuando estaba avanzada la primera novela y ya había establecido las características del principal personaje masculino -precisamente, a la misma altura en que lo hace la protagonista, y con una módica búsqueda en internet-. Igualmente, la naturaleza esencialmente maligna de estas criaturas aparece en el instinto que a duras penas consiguen controlar los "buenos", y se desata con la aparición de los "malos".

Por otra parte, los vampiros buenos tampoco son una novedad. Así es con el superheroico Blade de los comics de Marvel -mantenido en base a un suero sintético-; el romántico Angel, de "Buffy la Cazavampiros"; o los que encabezan las series "Moonlight", "Blood Ties" y "True blood", por ejemplo.

Elogio de la abstinencia

Aún así, el interés de la saga iniciada con "Crepúsculo", continuada con "Luna nueva" y "Eclipse", cerrada con el recién editado "Amanecer", y eventualmente complementada con "Sol de Medianoche" -la historia del primer volumen contada desde el punto de vista de Edward, que podría quedar inédita como reacción de la autoría a una filtración en internet- está dado por el romance entre los protagonistas, los obstáculos a esa pasión, la tensión sexual (una verdadera y erótica exaltación de la abstinencia) y, a medida que avanza la trama, por los avatares de la relación.

Claro, también hay suspenso y escenas de acción -convenientemente explotados en los primeros avances de la película-, pero claramente relegados frente al núcleo central. Que es, en buena medida, y como el nombre de la protagonista se encarga de subrayar, una nueva versión del romance entre la bella y la bestia.

Los alcances del suceso pueden medirse en los cientos de sitios de internet y clubes de fans desperdigados por todo el mundo. Tras la edición en castellano del cuarto libro, el próximo hito será el estreno de la película basada en el primero (en pocos días más en EEUU y el primer día de 2009 en nuestro país), que incluye en el reparto a Kristen Stewart como Bella, Robert Pattinson -el Cedric Diggory de Harry Potter- como Edward Cullen, al frente de un elenco con pocas caras conocidas.

No se trata del primer intento: ya al año siguiente de la publicación del libro, en 2004, la MTV intentó producir la adaptación cinematográfica, pero el guión fue rechazado por Meyer por haber alterado no sólo la trama, sino el propio concepto básico. Para poder avanzar con el actual proyecto fue necesario que la productora le garantice el absoluto respeto a su punto de vista. Lo que incluye, entre otras cosas, que ningún vampiro tenga colmillos más largos que los humanos.

Más vampiros a la nueva usanza

EN LA PANTALLA CHICA

La proliferación de vampiros en la pantalla chica es un fenómeno recurrente, que actualmente se traduce en numerosos exponentes y proyectos, y que podría multiplicarse en función del esperable suceso de la película "Crepúsculo".

Y tampoco aquí hay demasiado apego a la tradición del género. En "True Blood", la nueva serie para HBO de Alan Ball -el creador de "Six Feet Under"- los vampiros se alimentan con sangre sintética y se mezclan sin problemas entre los humanos. Excepto por el hecho de que los propios humanos son la amenaza, ya que -revirtiendo la fórmula original- quieren robarles la sangre, principal componente para una droga que mejora la vida sexual y cura enfermedades. Está basada en la serie de novelas de misterio y vampiros "Sookie Stackhouse Southern Vampires", de Charlaine Harris y actúa Anna Paquin.

Otra serie de vampiros se llama "Blood Ties", es canadiense, se puede ver por AXN y también se basa en una serie de novelas de misterio con elementos sobrenaturales, en este caso de la escritora Tanya Huff y sus Vicki Nelson Novels. Aquí, una policía investigadora sufre una enfermedad que la deja legalmente ciega. Se retira, pero sigue ejerciendo la investigación en forma privada. La acompaña, como guardaespaldas y ayudante, el vampiro Henry Fitzroy, a su vez (ejem) hijo ilegítimo de Enrique VIII.

Pero la ola vampírica tendrá también su vertiente latina, con el puertorriqueño Chayanne y el venezolano José Luis "El Puma" Rodríguez, estrenada en un canal de Miami para el público hispanohablante. La historia está centrada en Gabriel (Chayanne), un vampiro inmortal que vaga desde hace cientos de años por el mundo buscando a su alma gemela reencarnada, Eva. Pero para encontrarla deberá enfrentarse con (ejem, otra vez) el conquistador Francisco Pizarro (Rodríguez), que hará lo imposible para separar a la pareja. Por supuesto, Gabriel es un vampiro bueno y enamorado, que tiene fe en Dios, va a la iglesia, camina a la luz del día y odia ser inmortal.

Resistir

"Mis libros tratan sobre resistir la tentación. Hay un deseo de elegir otro camino. Esa es la metáfora de mis vampiros". Esta abstinencia -no sólo de sangre- que eligen los protagonistas, por razones de estricta seguridad, permite jugar con la tensión erótica, sin que los padres tengan que inquietarse por escenas de sexo. De hecho, la autora -perteneciente al credo mormón- rechazó las presiones editoriales para incluir una.

Buena chica

También justifica tanta virtud en un mundo poco proclive a ella: "Bella, la protagonista de mis libros, es una chica buena porque crecí en una comunidad donde serlo no era la excepción. Y todas mis amigas eran buenas chicas; y mis amigos, buenos chicos. Todos eran muy agradables y eso afecta lo que escribo. No veo al mundo con negatividad", dice Meyer

Ni Drácula, ni King

Ante quienes critican su desconocimiento de la tradición del género, la propia Stephenie Meyer confiesa que jamás leyó Drácula, ni a Stephen King, porque le impresiona demasiado (además, su religión le prohíbe exponerse a objetos que no sean aptos para todo público). Su formación como escritora son los círculos de fan-fiction de Internet.