Política: POLI-03
Entrevista con Mons. José María Arancedo
"Hay que reconstruir la confianza"
Recién electo como vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal, el arzobispo de Santa Fe niega que haya pesado la idea de ratificar la "línea dura" ante el gobierno. Con todo, definió al documento de la Iglesia como "esperanzado, pero crítico". Tanto que invita al diálogo, pero habla de clientelismo y corrupción.

Emerio Agretti

ÄEn el documento de la Iglesia se vuelve a apelar a "un acuerdo nacional". ¿Esto es algo genérico o los obispos están planteando una instancia formal concreta?

ÄVolvemos al concepto de "ser Nación". Notamos que hay muchos indicios positivos, pero a la vez muchos elementos que nos impiden alcanzar un grado de diálogo de reconciliación, proyectar políticas estables. Planteamos que el bicentenario, el período que va de 2010 a 2016, sea un tiempo fuerte de la Argentina, en el cual todos queramos pasar de habitantes que estamos, a ciudadanos que protagonizamos. Lograr una unidad en la diversidad, aceptar el pluralismo como riqueza. Un pluralismo que no nos paralice en los enfrentamientos, pero que se oponga a la unidad de la hegemonía, que también impide el crecimiento. Y esto tiene que ver con lo institucional.

Ä¿Sobre qué base debe darse el diálogo?ÄTiene que partir de un deseo de reconciliación. Se habla de dialogar para reconciliarnos, pero a veces hay que partir de la disposición a reconciliarse para poder dialogar. Y ahora, después de una época de política neoliberal, sin Estado, y también de etapas del Estado solo, creo que se ha llegado a un justo equilibrio. Un equilibrio que pasa por la presencia de un Estado activo, que tiene que ser eficiente y transparente, con la libertad que debe tener el ejercicio de una economía. ÄMuchos cuestionan este reposicionamiento del Estado. ¿La Iglesia lo ve bien?ÄEl Estado no tiene que coartar la libertad, pero debe estar presente. Es una cuestión de madurez política. A la vez está la cuestión social: no podemos llegar al bicentenario con bolsones de pobreza como tenemos, que llevan a la exclusión. Y el excluido termina siendo como un sobrante de la sociedad. Es necesario renovar una confianza mutua, que no excluya la verdad ni la justicia. A veces parece que para reconciliarse hay que dejar de lado la verdad y la justicia, pero esto no es así. ÄCada vez que se usan estos términos uno piensa en los juicios derivados de la época de la dictadura. ¿La alusión del documento apunta a esto?ÄLa historia no puede convertirse solamente en un elemento para descalificar el presente o comprometer el futuro. La tenemos que asumir, ir liberando. Pero el político tiene que mirar más que hacia la historia, al futuro, que tiene que unir a las personas para lo que hay que construir. Saldando las deudas con la verdad y la justicia, con el ritmo lento, sereno, que tiene la historia. Y que eso no nos paralice para trabajar hacia adelante.Argentina es un país con mucha esperanza. La esperanza no está herida, pero sí la confianza. Y la confianza se apoya en el testimonio del otro. Todo líder, para ser un verdadero dirigente, tiene que generar confianza. Tiene que dar testimonio y no descuidar los aspectos morales. Porque si se mira solamente la eficiencia y no la moral, ésto termina diluyendo la autoridad. ÄJustamente, el documento alude al clientelismo y la corrupción. ¿Consideran que esto sigue igual?.ÄNo se han erradicado. Y lamentablemente, cuando no hay ejemplaridad en la dirigencia, se lleva como a una justificación para los demás integrantes de la sociedad. También hay que rehabilitar la política en mayúscula. No es posible pensar el futuro del país sin política y sin partidos políticos. Por esto también es necesario rehabilitar la sana militancia, y lograr una reivindicación ética de la política.

Constitución y aborto

Ä¿Cómo ve sus nuevas responsabilidades en el Episcopado?

ÄSe trata de tratar de servir desde la Iglesia al país. Es un trabajo más para los obispos, implica más responsabilidad, más tiempo, sin descuidar lo que uno es: obispo de Santa Fe. Esperemos que podamos ser útiles.

ÄEn la provincia algunos piden eliminar de la Constitución la vinculación del Estado con la Iglesia Católica. ¿Qué opina de eso?-Es un tema que hay que conversarlo, ciertamente. Pero la laicidad no significa una postura atea. Una Constitución que tenga la referencia a Dios como fuente de toda razón y justicia, y al mismo tiempo reconozca la libertad y la diversidad, es algo bueno. Pero hay que reflexionar sobre esto de manera muy serena, evitando posturas de choque que terminan enfrentando. Creo que perfectamente se puede sostener la laicidad, que es la autonomía de lo temporal, con una apertura a la trascendencia, a través de la invocación a Dios. ÄPero a la vez, frente a posturas distintas desde el gobierno, usted ha dicho que el aborto no es negociable.ÄLa Iglesia parte de lo que la ciencia dice. Dónde hay vida, lo dice la ciencia. Y a partir de ahí, la fe reconoce un derecho. Pero no sólo la fe. Tabaré Vázquez, que es un hombre de izquierda, manifestó la misma postura. Entonces, esto es una filosofía, una estructura mental, convicciones que no son solamente religiosas. No es un tema entre católicos y progresistas. El jurista italiano Norberto Bobbio, agnóstico, lamentaba que la izquierda hubiese perdido la bandera de la vida a manos de la derecha. Pero no es una cuestión de izquierda y derecha. Si la ciencia dice: "hay vida", eso es un límite. Ahí no podemos avanzar.

Metas

"Las metas a alcanzar son recuperar el sentido de la vida y la familia, el trabajo, el diálogo. Pasar de habitantes a ciudadanos. Fortalecer las instituciones republicanas; la calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión social. Afianzar la educación y el trabajo como claves de desarrollo y la justa distribución. También se habló mucho del federalismo, de fomentar lo regional; por eso se apuntó a las políticas agroindustriales. Y también profundizar la integración de Argentina, no sólo en el Mercosur, sino a nivel global".

Menores

ÄEn los últimos días se volvió a hablar de medidas como bajar la edad de la imputabilidad. ¿Cuál es la opinión de los obispos?

ÄNo se habló puntualmente de eso. Pero a veces somos como una sociedad cínica, cuando vemos los efectos de lo que producimos. El chico que está en la delincuencia es producto de nuestra sociedad, se formó con nuestra televisión, con nuestras publicaciones, con nuestras ideas. Hemos formado eso. Un chico cuando va creciendo no tiene todavía una capacidad crítica, y a veces lo que recibe lo va determinando. Entonces, hay que pensar qué responsabilidad tienen los demás.