Volver a los ancestros

Pedro E. Bauzá y Graciela Bauzá

L.E. 6.258.154..

Señores directores: Apenas regresado de Las Baleares, aún con emociones que difícilmente contiene mi corazón y, en las retinas paisajes con hombres y mujeres a los que me ligan vinculaciones sanguíneas, me dispongo a esta nota, en la que pretendo hacer conocer a sus lectores algunas reflexiones sobre un viaje inolvidable.

El Centro Balear de Santa Fe ha tomado a su cargo la responsabilidad de salvaguardar y difundir la cultura de aquellos territorios españoles bañados por el mar. En su entorno se aglutinan descendientes de quienes llegaron a estas tierras buscando un mundo mejor, junto con otros seres que se sienten identificados con sus objetivos, ora de extensión de su cultura, ora porque encuentran un ámbito propicio para recrearse en amistad.

Como un sueño, “yo que nunca gano nada” —como digo siempre— una voz, por teléfono me indicó, hace algunos meses, que había sido beneficiado en un sorteo con el que la patria de mis ancestros deseaba agasajar a descendientes baleares de distintas partes del mundo ¡Santa Fe incluido!

La incertidumbre, el temor de una broma pesada, la incredulidad hacia una suerte generalmente esquiva cuando se trata de ganar algo, no fueron impedimento para que llegara a la sede y me enterara de que no era un sueño. A partir de allí, reuniones, verificación de pasaportes, conformidad de lo ofrecido, etc. no hicieron más que acelerar mis días en la idea de que el tiempo faltante para el viaje se acortara.

Finalmente viajamos, algunos con su “bautismo de vuelo”, otros exhibiendo pasaportes que reflejaban experiencias en el aire, pero todos con la inenarrable emoción de descubrir, en aquellas tierras, las raíces.

Si algo puede considerarse “impecable”, ese algo es la organización, que tanto en la Argentina como en Las Baleares demostró haber contemplado hasta los más mínimos detalles para que el viaje cumpliera con los anhelos de los viajeros. La predisposición permanente y amable de un impresionante equipo organizador para solucionar las situaciones que se plantearan, la jerarquía de los hoteles y comedores, la simpleza de los funcionarios que nos recibieron en momentos protocolares habituales, el todo, en fin se conjugó para que podamos considerar que la vida, a través de aquellos que optaron por seguir en la tierra isleña, nos había hecho un regalo extraordinario.

A los que hicieron posible este sueño: gracias; a quienes compartimos el sueño: gracias; a quien un día llegaron a estas tierras para darles y darnos vida: gracias.