Cuando la impunidad no reconoce fronteras...

Banda de rufianes sume en el terror a un policía y su familia

Danilo Chiapello

[email protected]

La detención de un delincuente abrió las puertas del infierno para un policía y su grupo de familia. Desde entonces distintos miembros del grupo son objeto de graves acciones, las que incluyen tiroteos contra casas de familias, golpes, amenazas y hasta secuestro de personas.

El involuntario protagonista de esta historia es Carlos, un agente que se desempeña en la sección Automotores. Como cualquier vecino de esta ciudad Carlos, junto con su esposa Yanina y sus tres hijos, tenía el sueño de la casa propia.

Y tras una larga temporada de sacrificios, una mañana los encontró llorando de emoción. Una carta del gobierno provincial les anunciaba que habían sido elegidos para acceder a una vivienda en el flamante barrio Los Cipreses, ubicado en Guadalupe Oeste, a espaldas del ex-Gada 121.

Un tal “Bocón”

Pero los días felices culminaron la tarde del lunes 10 del corriente. Eran cerca de las 18 cuando un delincuente armado irrumpió en la vivienda y, de un manotazo, despojó de su bicicleta a una niña. Consumada la acción su autor se dio a fuga.

Advertido del asunto el padre de la nena inició la persecución, la que culminó a las pocas cuadras cuando, junto con un vecino (también policía) pudieron darle captura. Sin más le colocaron las esposas y lo condujeron hasta la seccional 8va., que interviene por jurisdicción.

Tras las diligencias de rigor el sujeto fue identificado como un tal “Bocón”, de 18 años.

A partir de entonces comenzó el infierno. Poco después una mujer (la madre del imputado) llegó hasta la seccional e increpó duramente a los policías que intervinieron en la captura. “Ya van a ver... yo sé donde viven ustedes”, les dijo.

“Levanten la denuncia...”

Y los hechos no se hicieron esperar, porque a las pocas horas el domicilio del policía que ayudó en la captura era blanco de un ataque a tiros.

Al día siguiente, corrió la misma suerte la casa del policía, padre de la nena. Varios impactos de bala calibre 9 milímetros quedaron marcados en la pared.

Y 24 horas después los malvivientes decidieron subir la apuesta. Ahora fueron por la madre de la niña, a la que raptaron frente a la escuela del barrio Altos del Valle. La mujer fue subida a un vehículo que salió rumbo a la zona norte.

Durante el trayecto tres sujetos la sometieron a una brutal golpiza. Mientras, recibía una petición: “levanten la denuncia, porque los vamos a matar a todos”. La odisea para la mujer hubo de culminar en un descampado de Monte Vera, donde la dejaron abandonada.

Tras ello se produjo un breve respiro sin agresiones. Pero anoche volvieron los problemas. La mujer salió de su domicilio, acompañada por una de sus hijas, para hacer un mandado cuando fue interceptada por un automóvil.

Esta vez había dos hombres a bordo, los que haciendo gala de su ruindad descargaron sus armas contra las indefensas mujeres. Por suerte ningún proyectil hizo blanco en la humanidad de las víctimas.

Desesperados

Desde un primer momento autoridades de la Unidad Regional I fueron puestas al tanto de los graves sucesos ocurridos.

Sin embargo la respuesta -a modo de protección-, jamás llegó al hogar del policía afectado. Son los propios compañeros del afectado quienes se turnan para concretar una vigilancia, más o menos acorde, a lo que requieren los hechos.

Esta mañana Yanina, la mujer del policía, reclamó por algún tipo de respuesta oficial mientras abrazaba a sus hijas entre lágrimas.

Ocurre en barrio Los Cipreses (detrás del ex-Gada 121). La historia incluye tiroteos a casas de familia, secuestros de personas, golpes y amenazas. Ninguna autoridad de la URI -ni del gobierno- se acercó a brindar ayuda a las víctimas.

missing image file

Yanina, la esposa del policía, junto a sus hijas, pidió desesperada algún tipo de protección o custodia. “Nos dejaron absolutamente solos”, dijo entre lágrimas.

Foto: Danilo Chiapello

///

PREGUNTAS

Sin límites

¿Un simple ladrón de bicicletas cuenta son semejante “aguante” o apoyo logístico?

¿Los delincuentes cuentan con tanta facilidad de maniobra, como para amenazar gente, tirotear viviendas y secuestrar personas?

En todos los casos la respuesta es sí. Pero el cuadro se agrava notablemente si se tiene en cuenta que el único motor que impulsa estas acciones es el de saberse impunes.

///

CRONOLOGÍA DEL MIEDO

Lunes 10, a las 18. Un delincuente armado ingresa a la casa del policía en el barrio Los Cipreses (detrás del ex-Gada 121) y le roba la bicicleta a una niña de 7 años. El padre de la nena corre al rufián y lo apresa -con ayuda de otro vecino, también policía- a las pocas cuadras. Ambos llevan al ladrón hasta la seccional 8va.

Lunes 10 a la noche. Tirotean la casa del vecino que ayudó en la captura.

Martes 11, a la tarde. Tirotean la vivienda del papá de la nena.

Miércoles 12, a las 17. Tres sujetos armados secuestran a la mamá de la nena frente a la escuela de Altos del Valle. La suben a un vehículo y salen hacia el norte. Durante el trayecto es sometida a golpes y tormentos. También recibe una temeraria advertencia: “levanten la denuncia, o le matamos un hijo”. Finalmente es abandonada en cercanías de la playa de Monte Vera.

Anoche, 21. La esposa del policía, junto a su hijita, salen a hacer un mandado en barrio Los Cipreses. Ambas son interceptadas por un vehículo con varios sujetos a bordo. Desde el rodado las tirotean y les reiteran las amenazas. “Los vamos a matar a todos”.