EDITORIAL
EDITORIAL
Una forma de participación ciudadana
La posibilidad de involucrarse en las decisiones públicas, además de controlar cómo se utilizan los fondos oficiales; de decidir a qué se destina una porción del presupuesto, y de asumir un rol activo para establecer cuáles son algunas de las obras que pueden mejorar la calidad de vida de un barrio —desde la perspectiva de sus propios habitantes— caracterizan la práctica del presupuesto participativo, considerado una herramienta de la democracia directa.
A mediados de año, esta modalidad se puso en práctica en la ciudad. Fue en Alto Verde, donde vecinos y vecinas eligieron, como destino del medio millón de pesos asignados por el gobierno municipal, la construcción de un playón polideportivo, obra que consideraron necesaria en un sector que contiene a una enorme población de niños y jóvenes.
Hace escasos días se hizo una nueva convocatoria, esta vez en Nuevo Horizonte, uno de los barrios más recientes, ubicado en el límite norte de esta ciudad, donde una suma similar será destinada a la construcción de un centro de salud. En tanto, en los planes del municipio figuran nuevas partidas para asignar.
Esta modalidad comenzó a implementarse a fines de los ‘80 en Porto Alegre, Brasil. En el vecino país ya son más de 200 las ciudades en las que se aplica. Tiempo después, se trasladó a Europa y a otros países de América Latina, incluido el nuestro, donde —a modo de ejemplo— lleva siete años de vigencia en Buenos Aires y seis en Rosario. En la ciudad del sur se concretaron, en ese marco, obras de infraestructura básica, tales como pavimentación de algunas calles, apertura de otras, remodelaciones de edificios dedicados a la salud, la recreación y el deporte, entre distintas propuestas surgidas de la propia comunidad. Pero también se materializaron proyectos vinculados con la inclusión social, como la orquesta sinfónica que nuclea a niños y niñas de hasta 15 años y de la que oportunamente diera cuenta este diario.
Volviendo a la incipiente experiencia en esta capital, la puesta en práctica de esta herramienta incluyó también a alumnos de los establecimientos escolares de los respectivos barrios, a fin de acercarlos a una práctica directa del ejercicio democrático, que se traduce, en este caso, en la posibilidad de elegir entre propuestas diferentes.
Cabe añadir que al sufragio se llegó luego de un debate entre las instituciones de cada zona, de la presentación de los proyectos y la selección de aquellos que resultaban más adecuados al monto asignado. Sin embargo, es importante apuntar que el número de personas habilitadas para votar resultó superior al que efectivamente emitió su opinión. La cuestión, por lo tanto, reclama una reflexión sobre el interés que manifiestan los vecinos por involucrarse en una elección que redundará en su propio beneficio y en la que pueden tener protagonismo directo o, en caso contrario, acerca de la falta de conocimiento de las implicancias de esta herramienta. Sin duda, la materialización de las obras votadas resultará un buen estímulo para futuras experiencias.