En su 50º Aniversario

Un balance teñido de gris

Asociación Jubilados Arte de Curar (*)

La seguridad social es el derecho que le asiste a toda persona de tener acceso a una protección básica para satisfacer sus estados de necesidad. En este contexto, se consideró siempre al Estado como el principal, si no el único, promotor y responsable de esta rama de las políticas socioeconómicas. La de la seguridad social, con sus postulados de equidad, universalidad, libertad e integralidad, está asentada en la solidaridad, sin la cual ningún conglomerado humano ha podido sobrevivir.

El Art. 14 bis de nuestra Constitución dice: “... el Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter integral e irrenunciable...”. Y en el Art. 125 ratifica la facultad no delegada de las provincias de conservar sus organismos de Previsión y seguridad social, y al reafirmar la obligación indelegable del Estado de atenderla, confirma que la misma no puede ser negociada ni transferida a manos privadas ni soslayada en dudosos mecanismos de ingeniería de mercado.

En la Asamblea Constituyente de 1994, quedaron ratificadas: 1) la garantía del Estado en esta materia de la seguridad social, y 2) la vigencia de los sistemas públicos basados en la solidaridad.

La Caja de Seguridad Social para los Profesionales de Arte de Curar, hoy regida por la Ley 12.818, nació como lo dice su Art. 1º originada en la 3.920 del año 1950, promulgada en 1958. De ahí que se recuerden en estos días los 50 años de la creación de la Caja.

Nuestra visión, la de la Asociación de Jubilados y Pensionados del Arte de Curar, zona norte, que a su vez tiene más de 40 años de existencia, es que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo la esencia del pensamiento que determinó el nacimiento de la Caja; la idea que la generó. Ésta fue a todas luces la previsión, dada la carencia de protección social de los entonces retirados del Arte de Curar. Es decir fue el espíritu solidario lo que determinó aquella ley y la motorizó, basado en el compromiso intergeneracional despertado por sus fundadores y que por muchos años impulsó sus límpidos anhelos.

Hoy, nos parece que aquel compromiso intergeneracional, aquel espíritu solidario, está desvanecido, desvirtuado.

No son ajenos a este triste desenlace: 1) un incremento de las pérdidas de la Caja por la morosidad de sus afiliados y la pasividad de los directivos; 2) un mero sostenimiento de los mecanismos de pago de sueldos de directivos, contadores, asesores y empleados; 3) una situación lamentable del profesional que confió sus aportes a un sistema solidario de previsión que lo ha llevado a una situación de pobreza; y 4) un desánimo generalizado del afiliado activo, que conjuga una pesada carga de aportes mensuales con una retribución final jubilatoria de un salario sencillamente menesteroso.

No es esto lo que soñamos aquellos creadores de la Caja.

Quizá una profunda reflexión, una recuperación de aquellos valores fundacionales, una transparencia absoluta en la administración, puedan poner nuevamente las cosas en el carril del que nunca debió haber salido, carril honesto y creíblemente emblemático para beneficio de todos.

(*) Asociación de Jubilados y Pensionados del Arte de Curar de la Primera Circunscripción. Santa Fe.