EDITORIAL

Santiago del Estero, Zamora y los Kirchner

El radical K Gerardo Zamora se impuso en las elecciones de Santiago del Estero con casi el ochenta por ciento de los sufragios. El gobierno nacional, a través del ministro de Interior, se hizo presente en la capital provincial, para acompañar al ganador. Sin eufe-mismos, los Kirchner se atribuyeron el triunfo, aunque habría que señalar que a la hora de confeccionar las listas de legisladores, Zamora se opuso a que los kirchneristas las integraran, por lo que da la impresión de que la cuota de poder del radicalismo zamorista es más importante que la del peronismo.

La experiencia histórica enseña que cuando en elecciones democráticas algún candidato obtiene más del ochenta por ciento de los votos, es porque existe un sistema clientelístico y hegemónico. En América Latina, los casos paradigmáticos de elecciones con estos porcentajes fueron los de México con el PRI -la dictadura perfecta, como dijera Octavio Paz- y de Paraguay con Stroessner.

Las comparaciones lineales nunca suelen ser justas o verdaderas, pero de todos modos no deja de llamar la atención que Zamora obtenga estos porcentajes cuando hace seis años el radicalismo no superaba el treinta por ciento de los votos y el peronismo, con el liderazgo de Juárez, llegaba casi al setenta por ciento. Asimismo sorprende, en esta provincia tradicionalmente peronista, que los representantes de ese partido hayan obtenido el pasado domingo menos del dos por ciento de los votos. Cabe recordar al respecto, que se trata de un partido histórico que desde 1916 a la fecha gobernó en nueve ocasiones a la provincia y, desde 1983 hasta la primera elección de Zamora, fue el partido mayoritario.

Atribuir cambios tan bruscos a modificaciones en la conciencia del electorado sería una licencia del lenguaje. Por el contrario, en Santiago del Estero lo que parece ser previsible es el voto de un electorado dependiente de los favores del Estado. Esta provincia no dejó de ser peronista para transformarse en radical o a la inversa, sino que mantuvo su lealtad al poder dominante y al caudillo. Que en el camino haya cambiado el signo partidario, y el liderazgo de Juárez haya sido reemplazado por el del radical Zamora, es un dato secundario o subordinado al primero.

Los estudios de campo realizados por las consultoras que trabajaron en esta provincia coinciden en señalar que el tradicional aparato juarista se pasó mayoritariamente al zamorismo. No faltaba a la verdad el actual gobernador, cuando Kirchner le solicitó que el cargo del vicegobernador debía ser para un peronista: “Va a ser para un radical -le contestó- porque en esta provincia el peronista soy yo”.

Santiago del Estero sigue siendo una provincia pobre e injusta. La obra pública realizada en los últimos años no alcanza para modificar esta realidad opresiva que constituye la base material de la red clientelar con la que se sostiene un régimen de dominación política que sobrevive a los rótulos partidarios.