Edición del Viernes 19 de diciembre de 2008

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"La promesa del futuro" - Edición Impresa - Opinión Opinión

Artes Visuales

“La promesa del futuro”

Domingo Sahda

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De la serie “La dinámica del germen”.

En las salas del Museo de Arte Contemporáneo (MAC-UNL) de Bv. Gálvez 1578 se encuentra en exhibición una exposición de trabajos plásticos que su autora, la artista Analía Sagardoy titula “La promesa del futuro”.

En todas las obras en exposición, tanto sea en el plano sobrerrelieve, en el volumen espacial o en las instalaciones, la autora centraliza su atención y su voluntad creativa en los principios referidos a la precisión de cada dato compositivo, al acabado formal puntilloso y a la organización plástica claramente delimitada, montados todos ellos sobre una base de armonía y control encabalgada en el territorio expresivo de la abstracción visual pensada como diálogo constante de la geometría en el plano y en el volumen, alterada por entonaciones afectivas explicadas, en su particular modo, en los conceptos: germen, brote, abono, fértil.

Sus trabajos remiten una y otra vez a la simbolización subjetiva y personalizada cristalizada en obras cuya interpelación al observador se constituye en tránsito de un enigma que demanda interpretaciones, las que inevitablemente pueden ser múltiples y eventualmente antitéticas. La decodificación morosa de los datos visuales organizados y expuestos admite dificultades interpretativas y cierta morosa reticencia en la captación de signos y simbolizaciones. La intencionalidad discursiva de la expositora se manifiesta en los títulos que atribuye a cada una de las obras expuestas. La tensión entre los opuestos formales en tanto cotejemos los enunciados en leve relieve de cada pequeño cuadrado que en sucesión ordenada aparecen en el cuadrado general al que llamaremos provisoriamente “cuadro”, es constante. Inevitablemente, se impone la construcción racional geometrizada del dato visual “mayor” por sobre lo expresado en pequeñas dimensiones en cada una de las teselas adheridas siguiendo un orden prefijado, que no por ello resulta de directa y rápida lectura interpretativa.

La austeridad no sólo se da en cada arquitectura visual expuesta, sino también en la deliberada oposición binaria de blanco-negro/negro-rojo/blanco-rojo. El tinte en cada caso está indicado como dato de señalización, de explicación de raíz conceptual al margen de cualquier idea que suponga vincular al color en sí mismo con la seducción de la luz y el espectro cromático pertinente.

Cada una de las obras expuestas sugiere un teorema a resolver. Los datos que provee la autora son mínimos, puntuales. La conmoción visual, el impacto desestabilizador queda por fuera de todo el interjuego que propone la expositora. La mirada expectante y valorativa, la serena apreciación de aquello que se mira cobra su dimensión mayor en el itinerario propuesto.

Un cierto mayor riesgo compositivo-expresivo se presenta en la instalación “Estación de Luz” (técnica mixta). Aquí, la multiplicidad y la diversidad de los acentos visuales puestos en juego se aglutinan en torno a un texto de pequeños y múltiples datos visuales dispersos cuya excelencia individual compite con la idea de conjunto. Son, cada una de ellas, pequeñas obras cuyo conjunto apela a la morosa atención sin que ello signifique atemperar el hermético significado del esta totalidad.

Articular aquello “que se dice” con el “cómo se dice” es un largo conflicto muchas veces irresuelto en las artes visuales de este siglo, y en el anterior también.

El desafío mayor de Sagardoy estaría, quizás, en atar tales opuestos a unidades expresivas de un mayor compromiso expresivo que permitan el acceso a una lectura de mayor riqueza comunicacional. La apelación a la perfección plástica de los elementos constitutivos en sus obras, que siempre están presentes, obnubila el asunto en torno al cual se origina la obra expuesta que la autora argumenta por otros medios.

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Los trabajos de Sagardoy remiten una y otra vez a la simbolización subjetiva y personalizada, cristalizada en obras cuya interpelación al observador se constituye en tránsito de un enigma que demanda interpretaciones.

“Voyeur”

Desde días atrás se halla en exposición una colección de trabajos plásticos en la Galería AG/arte (Bv. Gálvez 1616) a la que su autor, Horacio Javier Vallejo, titula “Voyeur”.

Vallejo escruta el mundo de terceros próximos a él, y con tales datos configura obras planas de particular arquitectura visual entre color, transparencia del soporte y líneas definidas como trazos directos o recorridos definidos por trayectos de hilos cosidos, ora como límites, ora como texturas planas.

La proposición de mayor desafío plástico la constituye el plano de soporte en el cual la luz artificial y las sombras provocadas crean aquí un mundo irreal y ambiguo. El hilo cosido al soporte señaliza bordes formales y límites compositivos eventualmente proyectados que prontamente fugan hacia un vacío en tanto desaparece la luz que provoca el efecto visual antedicho.

Despuntan aquí dos hipótesis en torno al texto plástico expuesto ¿qué es lo permanente y qué es lo efímero en el arte plástico hoy? La idea del Tiempo por sobre la idea del Espacio despunta, quizás inopinadamente, en estas obras, coagulando en trabajos en formato medio cuya conexión con lo descriptivo y referencial está presente una y otra vez. La subyacente idea de lo fugaz está dada tanto por el cómo está elaborada cada pieza en exposición.

Las proposiciones visuales aluden a un universo icónico próximo y caro al autor, lo que no implica conflicto o desafío ético o estético alguno, tanto hacia sí como hacia el mundo entorno al que se mira y se describe en diversas situaciones. Desde un sitio personal y elegido el voyeur hace lo suyo, sólo mira y traslada al plano aquello que le importa.

 

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La intencionalidad discursiva de la expositora se manifiesta en los títulos que atribuye a cada una de las obras expuestas.

 



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