Coyuntura
Una cautelosa esperanza
No será un año fácil para la economía real. Pese a ello, son muchos los empresarios que creen que en el vendaval no serán devastados, aunque miran con desconfianza las injerencias del Estado.
Félix Canale
La primera noción asertiva del año que comienza es que todos los índices de consumo muestran una desaceleración, pero no una caída catastrófica. De acuerdo con el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), las ventas minoristas de 2008 se contrajeron en 6,1% en unidades con respecto a 2007, lo que es un porcentaje aceptable, teniendo en cuenta que de por medio estuvieron los interminables meses del conflicto con el campo y, desde septiembre, la crisis global.
Para los expertos, los próximos 6 meses mostrarán un cambio fundamental en las condiciones del consumo, ya que se pasará de un mercado con signo demandante a uno con características vendedoras. Los comerciantes deberán redoblar esfuerzos, con promociones y presencia en medios, para entusiasmar a consumidores cautelosos que miden sus gastos.
Por otra parte, debe sumarse al rompecabezas una nueva pieza: la debilidad de la demanda provocó la desaceleración en el ritmo de incremento inflacionario de los productos de consumo masivo. Algunos analistas piensan que la menor presión inflacionaria y la masa de dinero que el gobierno destine a líneas crediticias, probablemente permitirán mantener con oxígeno el consumo, al menos en los primeros dos trimestres.
Las empresas
Pese a esta perspectiva alentadora, consultores independientes prevén que la economía real deberá enfrentarse con dos tendencias contrapuestas.
Por una parte, el resultado expansivo de las medidas oficiales, teniendo en cuenta que, según un documento del BCRA, el stock de préstamos al sector privado crecerá 30% en 2009. Por otra, el efecto contractivo de una persistente desconfianza, que un porcentaje importante del empresariado mantiene sobre el mediano plazo.
Una encuesta de SEL Consultores (cerrada en diciembre) sobre los resultados empresariales del segundo semestre de 2008, en comparación con el primero, indica que 11% de las compañías encuestadas declaró estar en mejores condiciones, 33% estar igual y 56% peor.
Cuando la consulta se proyectó hacia 2009, el 23% de las encuestadas dijo que estaría mejor, 42 por ciento igual y 35% peor. Hasta aquí los porcentajes muestran un pulso empresarial donde el 65% de los consultados (42% + 23%) no avizora un escenario de catástrofe.
Debe advertirse que el trabajo de campo se realizó entre empresas con dotaciones de hasta 99 empleados (25%), de entre 100 y 499 (35%) y con 500 o más (40%), cuyas facturaciones en 2007 van desde menos de 10 millones de pesos hasta más de 900 millones.
La desconfianza
La tendencia “no catastrófica” se morigera cuando la encuesta de SEL se orienta hacia las perspectivas de inversión para 2009. De los consultados, 23% dijo que la aumentarán, 35% que mantendrá el ritmo de 2008 y 42% que disminuirá o no invertirá. En este caso, aumenta la cantidad de escépticos.
El informe de la consultora analiza que “la desaceleración de la inversión no es resultado únicamente del cambio de tendencia en las ventas o la rentabilidad, sino de una pérdida de confianza originada en factores políticos e institucionales domésticos y en la crisis internacional.”
La situación política creada a partir del conflicto con el campo (un tema aún no resuelto), afectó las decisiones de inversión y el examen de nuevos proyectos del 44% de las empresas encuestadas.
La crisis internacional, por su parte, está reduciendo o postergando los programas de inversión, y cancelando o postergando el análisis de nuevos proyectos en el 67% de las compañías. Cabe acotar que del total de la muestra, 49% tiene actividad exportadora.
El informe recalca que “hasta ahora, de todos modos, los factores domésticos parecen pesar más que la crisis global en la desaceleración de la inversión. Así piensa el 56%, frente a 27% que se inclina por la crisis, y un 17% que les atribuye una importancia equivalente”.
Lo doméstico
Entre los factores locales, la reciente estatización del sistema previsional ha tenido un efecto negativo en la confianza inversora de las empresas. Dos de cada tres opinan que genera inseguridad jurídica e incertidumbre. Una de cada tres, por su parte, dice que es causa directa de reducción de inversiones y caída de la actividad económica.
Para los encuestados, los factores que caracterizan la inseguridad jurídica son los cambios frecuentes en las reglas (81%) y la intromisión del Poder Ejecutivo (67%). Para la mayoría, ambos son vistos como simultáneos. El 80% opina que la seguridad jurídica ha empeorado en el último año.
“Una consecuencia principal de la creciente percepción de escasa seguridad jurídica - dice el informe- es que el horizonte de previsibilidad para invertir ha caído a sólo 1,3 años. En 2006 era de 3 años y en 2007 de 2,7 años. En el primer trimestre de 2008 fue de 2,5 años. Con un horizonte tan corto, no parece haber campo para proyectos con una tasa de retorno normal”.
El empleo
La reducción de la actividad y las menores expectativas para 2009 han afectado la demanda laboral. En diciembre pasado, el 38% señaló que estaba disminuyendo con relación al primer semestre y el 34% opinó que en los próximos 6 meses continuará bajando.
Para el primer semestre del año las empresas están examinando distintas medidas de ajuste en su demanda de trabajo. Las más probables son la reducción de las horas extra (41% la estima muy o bastante probable) y la disminución de personal tercerizado (32% dice que es muy o bastante probable). La baja de la dotación propia, es decir la supresión de puestos estables, es considerada muy probable por el 8% y bastante probable por un 10% de las compañías. El 44% de los encuestados dijo que esta drástica medida era nada probable en su empresa y 81% descartó las suspensiones.
La conclusión de SEL Consultores es que los asalariados de planta están menos expuestos a la pérdida del empleo, aunque en muchos casos sus ingresos caerán por reducción de horas extras.




