Al margen de la crónica
¡Venga un abrazo!
Al margen de la crónica
¡Venga un abrazo!
Todo acto humano es digno de ser estudiado y es así como en informes recientes, científicos empecinados en saber más, dedujeron las ventajas del abrazo.
Esas observaciones dieron origen al nacimiento de una nueva rama denominada abrazoterapia, cuya misión es enseñar y difundir las ventajas de abrazarse más. La vieja costumbre, que en algunas culturas no está bien vista, en la nuestra se extingue poco a poco, por falta de tiempo o porque el ritmo de vida desplaza de a poco ciertos placeres que hacen que la vida valga la pena de ser vivida.
La abrazoterapia deja de lado los abrazos “sexuales” y hace hincapié en los otros, agrupándolos de diferentes formas y encontrando en cada uno ventajas para el bienestar emocional.
Más allá de las palabras, tocarnos expresa lo que sentimos, acerca a unos y otros y hasta se descubrió que un abrazo sincero tiene ventajas terapéuticas.
Los especialistas insisten en la buena energía que se genera en ese intercambio y en la cual ganan los efectores; hay que estrechar a hijos, oprimir mascotas, estrujar a padres (si son muy viejitos, con sumo cuidado para no romperlos), apretar a amigos (no en el sentido de chantaje), rodear a los seres queridos, envolver a la pareja (no con artimañas), mimar a compañeros de trabajo; en fin, contactarse físicamente con todo ser vivo que habite el planeta.
Como siempre, como cuando se fomenta que beber agua es saludable, no falta quien se ahogue con cinco litros creyendo que a mayor cantidad, más beneficio; cuando se recomienda más contacto físico, no es raro que surjan abrazadores exagerados.
Juan Mann, un norteamericano creativo, impulsó una campaña: “free hugs” (abrazos gratuitos), que proponía estirarse y abrazar a un extraño. En una sociedad altamente desconectada, su cruzada tuvo efectos extraordinarios y logró promoverla a través de la red y de varios videoclips. Aunque varias veces, las autoridades prohibieron la instigación de abrazos indiscriminados, el hombre resistió y sostuvo su idea aduciendo que, por cada abrazo que se daban dos desconocidos, lograba arrancar por lo menos cinco sonrisas de quienes los rodeaban y eso era bueno.