El documentalista del Holocausto

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Simon Wiesenthal, el implacable cazador de nazis.

Foto: Archivo El Litoral

Jordi Kuhs

EFE

Austria conmemoró el 31 de diciembre pasado el centenario del nacimiento del histórico “caza-nazis”, Simon Wiesenthal, fallecido en septiembre de 2005, a los 96 años de edad.

“Derechos, no venganza” fue el lema de Wiesenthal, un arquitecto de formación, que después de sobrevivir al Holocausto, se dedicó el resto de su vida a perseguir a criminales de guerra nazis.

Gracias a sus investigaciones, unos 1.100 criminales fueron puestos ante la Justicia, en varios países.

El más famoso de esos casos fue el de Adolf Eichmann, encontrado por los servicios secretos israelíes en Argentina, en 1960, gracias a las informaciones de Wiesenthal.

El implacable perseguidor de criminales de guerra nazis nació el 31 de diciembre de 1908 en Buczacz, en la región de Galizia, que entonces pertenecía a la monarquía de los Habsburgo y que hoy forma parte de Ucrania.

Wiesenthal estudió y se instaló como arquitecto en Praga a partir de 1932 y ejerció su profesión hasta 1941, cuando durante la ocupación alemana de Checoslovaquia, fue detenido por ser judío.

Logró sobrevivir a doce campos de concentración nazis, hasta ser liberado por las tropas estadounidenses en el campo de exterminio de Mauthausen, en el oeste de Austria.

Durante su permanencia en los campos de la muerte, Wiesenthal consiguió tomar nota de los nombres de cada uno de los criminales nazis que participaban en el genocidio y una vez liberado, se dedicó exclusivamente a buscarlos.

Un archivo histórico

En 1947 fundó el Centro de Documentación Judío, que fue cerrado en 1954 debido a los intereses creados en la Guerra Fría, que no eran muy favorables al esclarecimiento de todos los crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

Pero ese mismo año, Wiesenthal consiguió localizar en Buenos Aires a Eichmann, e informó al Centro de Investigación del Holocausto Yad Vashem, en Israel, cuyas autoridades fueron, al inicio, escépticas, pero que finalmente capturaron al prófugo, en 1960.

Ese mismo año, Wiesenthal reabrió su Centro de Documentación, con el apoyo de donaciones de todo el mundo.

En 1977 se fundó, en la Universidad Yeshiva de Los Ángeles (EEUU), el Simon Wiesenthal Center (SWC), que luego tendría sedes también en Toronto, Buenos Aires, Jerusalén y París.

Tras 58 años de trabajo, Wiesenthal anunció en abril de 2003, su retirada de la vida activa, con las siguientes palabras: “a los asesinos de masas que he perseguido, los he encontrado y los he sobrevivido a todos”.

Uno de los grandes problemas que tuvo Wiesenthal, según dijo, fue explicar a la opinión pública los crímenes de los nazis, puesto que sigue habiendo numerosas asociaciones y grupos que niegan que haya existido el Holocausto.

En los dos últimos años de su vida, Wiesenthal desapareció paulatinamente de la vida pública, en la capital austríaca.

Ni tras la muerte de su mujer Cyla, que falleció en noviembre de 2003 a los 95 años, salió de su apartamento en el centro de Viena para presenciar su entierro.

Justo para el centenario del nacimiento del “caza-nazis”, las autoridades austríacas han empezado a concretar la creación de un Instituto Científico del Holocausto que llevará el nombre de Wiesenthal y que administrará su amplio archivo.

A mediados de diciembre la Asamblea Municipal de Viena concedió a ese instituto una subvención inicial de 1,3 millones de euros, con el objetivo de inaugurar un centro de estudios, en el año 2012.

Y mientras que la política austríaca apoya seguir investigando el Holocausto, la Justicia de esa república alpina no avanza en sus esfuerzos para enjuiciar a los últimos criminales nazis.

Según el CSW de Jerusalén, Austria no ha enjuiciado ni a un solo criminal en los últimos 30 años, a pesar de existir numerosos casos de sospechosos residentes en ese país.