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Genocidio
Juan C. Correu. DNI: 7.912.000
Señores directores: Según el Diccionario Sopena, Edic. 1982, genocidio es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos raciales, religiosos o políticos.
Nuevamente el mundo mira absorto, impotente, casi incrédulo cómo Israel prosigue el exterminio sistemático del pueblo palestino, ante el silencio del resto de las naciones.
Algunos tibiamente y genuflexos al poder internacional del dinero hacen un llamado al cese del fuego. Otros callan lisa y llanamente.
Los organismos internacionales como las Naciones Unidas siguen demostrando por enésima vez que no sirven para nada, que no sea proteger y apañar al genocida.
Los mismos árabes en su conjunto (algunos sospechados) se abstienen de participar por temor a los “gurkas” de Israel (léase EE.UU., pueblo cautivo), que deben obediencia a sus mandos financieros y prontos están a volcar todo su aparato destructivo-invasor a quien ose revelarse ante su patrón. Ni pensar en Satania (léase Argentina), cuyo gobierno también es incondicional al becerro de oro.
Solamente Brasil (a quien envidiamos sin motivo), demostrando pasta de imperio y no de colonia, ha levantado su voz denunciando a las Naciones Unidas por su inutilidad y pidiendo la formación de un nuevo organismo que no contenga a EE.UU. ni Canadá. Lula, el único estadista de fuste que hoy por hoy asoma, repudió a la ONU por su poder de veto en favor del agresor israelí.
La brutalidad empleada hace sesenta años (1948) en que los mártires palestinos fueran desalojados de sus tierras, despanzurrados a cañonazos sin ningún miramiento, se sigue aplicando hoy, no sólo en Gaza, sino en todas las tierras aledañas que se han apoderado, ante la complicidad y el silencio internacional. La Iglesia Católica también tibiamente (como es su costumbre) llama a la paz sin marcar al genocida con todas las letras.
¡Cuidado!, porque después vendrán por nosotros (según el viejo adagio marxista).
Reconociendo que no es fácil plantarse frente al agresor, por lo menos contribuyamos a la paz general futura, analizando y discutiendo el problema judío.
Esperando no recibir amenazas, ni ser tildado de antisemita (porque en realidad yo amo a los semitas), los saludo atentamente.