Edición del Sábado 10 de enero de 2009

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Historia de princesa - Edición Impresa - Artes y Letras

Historia de princesa

Por Federico Falco

Cuando era joven a emperador llegó noticia de que su esposa estaba encinta. El joven príncipe exclamó —construiré con mis manos la cuna del primogénito martillo de noche seré y al escuchar los golpes acudirán vecinos a palacio: está fabricando con sus propias manos la cuna del que nacerá en breve, dirán.

Construyó con liquidámbares y maderas duras. De pinos crecidos a orillas de ríos de montaña donde desnudos y secretos se bañan los luchadores de sumo como cetáceos de la correntada. De raíces crecidas entreveradas a piedras. De agua que se cuela en la piedra en la noche se congela la piedra cede la raíz penetra.

Después de nueve meses de espera todo entusiasmo pereció: princesita nacida incomprensible y amarilla. El padre logró callar por siempre.

Desde tan lejos como desde donde la llama del dragón no quema, la miró crecer.

Prefirió aburridos embajadores de Cuba o los United States a esa niña demasiado teatral y terrible.

Princesa, su primer intento de suicidio a los siete años. Del cajón de una nodriza robó una pistola de mango de nácar. Sólo las moscas la vieron, una oruga que hacía capullo en la morera. Escapó a jardín para volarse la tapa de los sesos o la sien, pero antes de llegar a la sombra olvidó su cometido en los cipreses trágicos. Se ensoñó con el canto de un eunuco que recitaba a la emperatriz versos eróticos.

Ella no podía comprenderlos y quedó dormida junto al pabellón de té.

El eunuco cantaba con voz más femenina que la de las hadas de los arrozales.

En un idioma antiguo ancestral que se perdió con los tiempos y los años y que el cuerpo de princesa nunca más encontró ni pudo reconocer, nunca más escuchó.

Encuentro casual

A la orilla de un sendero duerme una monja del Medioevo. Mao le habla en sueños y le repite le repite de modo subliminal: Mao vencerá.

Con tales técnicas Mao vencerá.

Desde el plató

El Ministerio de Cinematografía con fondos públicos filma películas. Mao principal actor se niega a usar dobles de riesgo, triples instintivos o cualquier agente del capitalismo liberal que ensaye para parecérsele y reemplazarlo aunque más no sea de espaldas.

Mao contra los ninjas verde: con autosacrificio Mao vence a los villanos tras larga persecución en coche y secuestro de una noviecita que tenía o supo tener.

Todavía no tomaron conciencia de la opresión o de la degradación política de una clase trabajadora que siempre cree que donde está la imagen de Mao, está Mao o se habla de él.

—¡Necios!— grita Mao —¡Filmen mejor! —mientras lo maquillan vuelve el alarido.

—¡Corre cinta! ¡A rodar!

Mao interpreta un monje blanco que a golpe de karate do vence a los pinjas magnolias malignos. Una película de mucha acción, siempre legal y para toda la familia.

Panorámica del campo de batalla desde el punto de vista del vencedor

Y entonces entre los mitos obreros de ascenso social y la crítica en el campus de las memorias colectivas, caminando en medio de todo eso, está Mao.

Advierte en su esófago el eco del revoltijo y la bichería.

La palabra es asco o fuerza social se pregunta Mao ahora que la revolución ya fue hecha y que él es rey.

Él quisiera aunque sea hacer una estatuilla de arcilla cada mañana así de cada día dejara una muesca en la mesa. En toda muesca habita un Dios el de lo eterno, el de la casa.

Sueña Mao con aislarse en la montaña y olvidar la nación nacionalista contemplando el agua en la cascada.

Sueña Mao con cultivar su huerto y ser tan ermitaño hermoso como un monje pictórico de deseos y remembranzas domadas ya anciano y sabio.

—¡pero no!, aúlla, mi condena es tejer el alma de mi pueblo. Penélope prostituida. Estar siempre rodeado, que el soplo de mi respiración sea el origen central del torbellino.

—ah se me escurre la vida entre burócratas.

—ah se me aligeran los días entre elites y papeles, al menos me recordarán para Maosiempre.

Suspira Mao.

El cadáver de Mao

El cadáver de Mao es una pasa oscura expuesto al sol de la plaza comunal. Las mujeres le rinden veneración, una a una desfilan ante él.

La más joven de todas está seca y profana el cuerpo, hunde su mano en la bragueta. En lugar de amuleto y fertilidad halla un hueco oscuro corredor secreto hacia miles de años atrás, hacia mandarines que comieron y bebieron en cuencos de helechos antes de explotarse los pulmones con balas y dejar pólvora sobre los alvéolos resecos.

Por la fuerza las guardianas la sacan de allí.

Para que la monten y ejecuten la echan a los toros, a rayo de sol pleno y ante la vista de todos, porque descubrió un secreto.

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Federico Falco.

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Pin Mao. Foto: Archivo El Litoral



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