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Por la paz
Alejandro Reiner
C.I.: 2.408.507
Señores directores: Las Naciones Unidas, en 1948, reconocieron a Israel como un Estado, un país soberano y democrático con la obligación indiscutida de proteger sus fronteras y el deber de cuidar la integridad física de sus ciudadanos. Mucha sangre ha corrido, y miles de muertos provocaron los distintos enfrentamientos para echar a los judíos al mar. Lo ideal para un país es la convivencia pacífica y armoniosa con sus vecinos, el respeto mutuo a sus creencias.
La pretensión de una convivencia pacífica no es posible cuando se es castigado, provocado con el único objetivo de la desaparición del Estado judío. Este Estado tan nuestro está decidido a defender su existencia y combatir el racismo en todas sus formas. El terrible flagelo del racismo, la discriminación e intolerancia religiosa llámese antisemita, antijudío, antisionista, es un cáncer que minuto a minuto está carcomiendo este universo despertando un odio irracional que no entiende razón. ¿El nacer judío, la pretensión de tener una nación, de defender ese minúsculo territorio donde no seamos ciudadanos de segunda ni excluidos, es un sueño?, ¿es una pretensión desmesurada?
El odio a todos los judíos y a su máxima representación, el Estado de Israel, la hostilidad se ha ensañado nuevamente. El Hamas, sinónimo de muerte, es terrorismo islámico, es extremismo dispuesto a inmolarse (para ello fueron educados), la predisposición al sacrificio personal. Eso es el Hamas. Un ejército fanático e irresponsable. El desprecio a su vida es innentendible y despreciar la de los demás, escuchando su estrategia detrás de niños, mujeres y ancianos es irracional. El gobierno de Gaza está en manos del Hamas. Israel había levantado los asentamientos en un gesto de buena voluntad para reanudar las conversaciones de paz, en cambio el Hamas la transformó en una base para disparar misiles con los palestinos adentro.
Hamas ostenta el poder, pero no representa a los palestinos, pero sí es responsable de la integridad física de sus ciudadanos en la paz y en la guerra. En la paz cuidar su salud y ayudarlos socialmente, y en la guerra cuidar su seguridad. Nada de ello ocurre. Durante años, miles de misiles cayeron sistemáticamente sobre territorio israelí, incitando “retando”, provocando, buscando una reacción.
Y la hubo. El mundo ahora alega que Israel realizó una respuesta desproporcionada. La permanente provocación, ¿era una broma? Los 50, 60 misiles diarios disparados, ¿el periodismo internacional lo publicaba, no se escandalizaba por el diario hostigamiento? ¿Qué es desproporcionado y qué es lo proporcional cuando está en juego la seguridad de un pueblo? Los medios masivos internacionales y algunos nacionales atacados por la “judeofobia” ya han condenado la respuesta israelí, olvidando los permanentes ataques de los hombres-bomba ahora transformada en lanzadera de misiles diseminados por todo el territorio de Gaza.
La sangre de las víctimas inocentes en este nuevo enfrentamiento quiera Dios que sirva para iluminar a los líderes del mundo, para que encuentren la fórmula para una paz permanente, que palestinos e israelíes aprendan a vivir en paz y armonía.