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"Luis D'Elía y el recurso del odio"

En los momentos más candentes del conflicto del gobierno Kirchner con el campo, miles de personas salieron a las calles de Buenos Aires con sus cacerolas, ese símbolo de la protesta que apuró la salida del presidente De la Rúa. Se dirigieron hacia la Plaza de Mayo. Fue entonces que apareció “el Piquetero más bravo del oficialismo, el dirigente social más intransigente en su alianza con el gobierno, el hombre que, según las sospechas más serias, acostumbraba a decir lo que el poder político no se animaba a enunciar de otra forma. En medio de los vecinos de las cacerolas, se apareció él, Luis, Luisito, El Negro, caminando hacia la plaza, con la camisa negra abierta hasta el ombligo, en ese estado de agitación que nunca le habíamos visto..., rodeado de seis, siete de los suyos, tipos grandotes, brazos fuertes, gritando como se le puede gritar a un perro vagabundo que olfatea nuestra basura. ¡Uahhhh!, asustaban los suyos y los de las cacerolas corrían hacia la boca de los subtes, a los zaguanes, a las entradas de los edificios... ¿Llevaba, como tantas otras veces, la vieja calibre 38 en la cintura?”. Fue entonces que declaró: “Los odio”, y puntualizó: “Odio a los blancos”. De este episodio, toma Gerardo Young el título de su libro “Negro contra blanco. Luis D’Elía y el recurso del odio”, que acaba de editar Planeta.
Fruto de entrevistas con el propio D’Elía e investigaciones varias, este libro recorre la biografía de este personaje defensor del gobierno Kirchner. Nos cuenta de encuentros en El Tambo, el mundo privado de D’Elía en la localidad de Isidro Casanova, partido de La Matanza; de los cortes y contramarchas protagonizados por este “militante social”; de los viajes a los cuales es invitado (Ciudad del Cabo, la selva paraguaya, Kenia, y, sobre todo, Venezuela); de los planes de asistencia que reciben los vecinos del El Tambo, y de los bienes propios e ingresos declarados (“Los dos autos están a nombre de la Federación de Tierra y Vivienda, aunque los usan ellos... Luis cobra 1.600 pesos como docente en uso de licencia; un beneficio que arrastra, con intervalos, desde que dejó de ejercer, allá por 1992. Mantuvo ese ingreso, un porcentaje del sueldo real del docente, primero por su rol de delegado del gremio docente, luego por su trabajo como consejero educativo. Más tarde se lo suspendieron, cuando empezó a tener cargos legislativos, y lo recobró hace unos meses, al perder su salario de subsecretario de Estado. Digamos que nadie con poder para modificar o cuestionar este ingreso, se ocupó de revisarlo. De todos modos, el sostén del hogar es hoy Alicia. El sueldo de la mujer de Luis ronda los 7.500 pesos. Tiene un cargo importante en el Ministerio de Acción Social”).




