Señal de ajuste
Mundo kitsch

Selma Blair es una de las protagonistas de la serie “Kat & Kim”.
Foto: Archivo El Litoral
Señal de ajuste
Mundo kitsch

Selma Blair es una de las protagonistas de la serie “Kat & Kim”.
Foto: Archivo El Litoral
Roberto Maurer
La expresión “disfuncional” se ha divulgado para definir relaciones familiares de las actuales series de televisión, ya que es necesario inventar variantes atractivas que superen los esquemas antiguos de nuestros bisabuelos o de las viejas ficciones de los Pérez García o los Falcón. Al fin, los guionistas no hacen otra cosa que reproducir lo que ven en este mundo, donde los personajes de Kath y Kim existen de verdad.
Se atraviesa la temporada de estrenos de series y “Kath & Kim” (lunes a las 20) es una sitcom de media hora, que acaba de lanzar Sony. Son una madre y una hija unidas por un vínculo disfuncional, como ya se dijo, aunque en realidad se trata de un par de estúpidas narcisistas ensimismadas en las pequeñeces de una clase media trabajadora que ha accedido a un confort que les llegó con la dictadura del consumo y una mitología pop cuyos modelos se encuentran principalmente en las estrellas de Hollywood. Las protagonistas de esta sátira envenenada de un modo de vida reside en un paradigma kitsch: un espacio suburbano de Florida.
Kath es una divorciada cercana a los “50 y su “mantenimiento” es la principal ocupación de su diario vivir, ya que necesita atender a novios que, según su veinteañera hija Kim, recluta indefectiblemente entre un ejército de fracasados, como el actual, Phil, un metrosexual que tiene una sandwichería en un shopping. “Eres un imán para los fracasados”, suele decirle, en tanto que la madre, cariñosamente, llama “semental” a su nuevo fiancée.
En el primer capítulo, la recién casada Kim volvió a casa, porque su flamante esposo pretendía que “hiciera cosas raras”, y descubre que Kath ha convertido su cuarto en un gimnasio personal. “¿Qué hiciste con mis ositos de peluche?”, pregunta con angustia a su progenitora enfundada en apretadas lycras. Kim es obsesiva con la comida y luego, a través de las quejas de su desesperado esposo, nos enteraremos de que “gastaban millones en salir todas las noches a cenar”. A pesar de que Kim no simpatiza con el “semental” de su madre, se cuelga de la pareja cada vez que salen . “Hoy es un día especial, porque vamos a salir a comer comida china”, anuncia el risueño Phil. “¿Especial? ¿Por qué? Millones de chinos la comen”, devuelve Kim. Phil le cuenta que adelgazó cien kilos. “¿Tienes fotos de cuando eras un elefante”, le pregunta ella con aire distraído.
La música de Cher
En casa, mira videos de su fiesta de casamiento, compungida, y pelea con su madre. “No está tan mal, porque cuando está mal pone música de Cher a todo volumen”, piensa Kim en voz alta, y en el acto se oye un estruendo: su madre acaba de poner música de Cher.
Cuando el joven esposo de Kim las visita, habla con Kath y le explica que del matrimonio esperaba amistad y compañerismo. “Deberías haberte casado con un perro”, le responde. Al otro día, el atolondrado aparece con un perro: “Será mi mejor amigo”.
Las protagonistas son Molly Shannon, alumna de Saturday Night Live, y Selma Blair (“Hellboy”). “Kath & Kim” es la remake de una popular sitcom australiana, y esta versión, luego de resultar demolida por la crítica estadounidense, casi no completó la primera temporada.
Tontas y superficiales, madre e hija cierran el primer episodio tendidas al sol.
-Viste, las estrellas de Hollywood han salido a protestar por el calentamiento global-, dice Kath.
-No entiendo, a mí me gusta el calor-, responde Kim. Y levantan sus copas para brindar por el calentamiento global.