Mesa de café

Escraches y violencia

Erdosain

José está fastidiado y afligido. Ha llegado con la cara larga y durante un rato se ha quedado en silencio, sin participar de la charla. En cierto momento le pregunto si le pasa algo y me dice que no con la cabeza, pero cuando habla, enseguida da a conocer los motivos de su malhumor:

-Lo que les hicieron a los diputados Rossi no tiene nombre. No puede ser que una patota de energúmenos, de millonarios de la Sociedad Rural, ataque a dos legisladores elegidos por el pueblo.

Marcial lo mira y sonríe: -Los diputados Rossi están probando la misma medicina que ellos recomiendan a sus adversarios.

-No sé a qué te referís -contesta José.

-Para estar en contra de los escraches hay que ser como yo -contesta Marcial- es decir, hay que estar en contra de todos los escraches. Vos ahora estás enojado porque cobraron ustedes, pero no dijiste una palabra cuando D’Elía tomaba comisarías, escrachaba empresarios o corría a la gente de la plaza. O cuando consentían que una banda de vecinos cortara el puente que nos comunica con Uruguay. O cuando las Madres de Plaza de Mayo escrachaban a los militares. Te repito: sólo tienen autoridad moral para criticar los escraches aquellos que como yo, están en contra de todos los escraches, y no creen que haya escraches buenos y escraches malos.

-Ustedes con tal de oponerse al gobierno son capaces de aliarse con el Diablo. -Contesta José.- Es una vergüenza que Buzzi saque un comunicado recurriendo a conceptos usados por la dictadura militar; una vergüenza para Buzzi y una vergüenza para la Federación Agraria Argentina.

-Que yo sepa -interviene Abel- Buzzi no dijo nada autoritario. Condenó lo sucedido en Laguna Paiva pero les recordó a ustedes que deben prestar atención a lo que está ocurriendo con el campo.

-Claro que prestamos atención -responde José- sabemos muy bien, por ejemplo, que en los últimos años los gringos hicieron plata como nunca y que, lisa y llanamente, no quieren pagar impuestos.

-A mí me parece que exagerás un poco -le digo- no creo que los productores rurales sean angelitos, pero a nadie se le escapa que la están pasando mal y que algo hay que hacer para destrabar la crisis.

-Yo diría -señala Abel- que la decisión más sabia la tomó el gobernador Binner convocando a todos los sectores para plantearle al gobierno nacional que algo hay que hacer con el campo.

-Binner, en lugar de quejarse ante el gobierno nacional, lo que debería hacer es empezar por hacer algo él mismo -replica José-. Es gracioso lo suyo: lo acusa al gobierno nacional de violentar el federalismo, pero cuando hay problemas, el muy federal de Binner pide que el gobierno nacional le saque las papas del fuego. Me hace acordar al hijo de mi amigo: le gusta hacerse el independiente; pero cuando tiene problemas, vuelve corriendo a casa y le pide al padre que le pague las facturas.

-A mí me preocupa -digo- la tendencia que se está dibujando en la sociedad de arreglar los conflictos al margen de la Ley. Yo a esta película ya la vi, y sé cómo termina.

-Tampoco hay que exagerar -ironiza Marcial- hay problemas, pero los problemas más serios los ha creado el gobierno, con su testarudez.

-No comparto, concluye José.

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