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Bailar tango

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Por Julio Anselmi

“Baile del pesimismo, de la pena de todos los miembros; baile de las grandes llanuras siempre iguales y de una raza agobiada, subyugada, que las anda sin un fin, sin un destino, en la eternidad de su presente que se repite. La melancolía proviene de esa repetición, del contraste que resulta de ver dos cuerpos organizados para los movimientos libres sometidos a la fatídica marcha mecánica del animal mayor”. Así concibe en páginas inolvidables, Martínez Estrada al tango, ese baile “untuoso, lúbrico, bailado con la ornamentación de cortes, corridas y quebradas”. Ya no de lupanar, pero siempre “clandestino”, el tango es un símbolo internacional del abrazo. Sobre esta imagen, Inés Legarreta construye con “El abrazo que se va”, una nouvelle que aúna el mismo tiempo notable fuerza y ligera poesía, en cierto modo una cadencia que encierra en sí misma la condición tanguera: sensual y mística, carnal y alada.

Una mujer decide aprender tango, y su primera lección le exige “aceptar que el hombre manda y la mujer consiente. Tuvo que aprender a aceptar que la mujer sigue al hombre y el hombre se luce con la mujer, la exhibe. Y también tuvo que aprender cosas importantes, como los rituales”. Y esta mujer, una escritora madura, conoce a un bailarín, un bailarín que cuando se exalta “toma la pose de un pájaro”, y que ostenta dos cosas: “el desamparo y la violencia”. Y este joven debe asumir el rol de “musa”, para que la escritora recupere su impulso creativo. Hay también un profesor de tango. Y él también “es un buen elemento para la novela, así que ha decidido incorporarlo”. De esta manera, una especie de circuito metalingüístico hace que la historia que nos cuenta la novela, sea la construcción misma de la novela.

En capítulos cortos, contundentes, atrapantes, Inés Legarreta cuenta la historia de esta mujer, de su compañero Leonardo y de los bailarines milongueros que se cruzan en su camino. Y del “código de ausencia” del tango, que a la mujer corresponde ocupar, aunque siempre supeditada al equívoco que establece un abrazo que puede perderse sin explicaciones, como si respondiera a una actuación. “El tango tiene eso, piensa ella, es equívoco. Como las palabras. Y ella, que se reparte -entra y sale- entre estos dos mundos...”.

Inés Legarreta (Chivilcoy, Buenos Aires) es autora de los cuentos reunidos “La dama habló” (2004). “El abrazo que se va” ha sido editado por el Grupo Editor Latinoamericano, en su colección Nuevo Hacer.