La ley rionegrina es ejemplo legislativo mundial

Muerte digna: cuando la decisión está en otras manos

A muchas personas pensar en la muerte les resulta espeluznante. El deceso de la italiana Eluana Englaro luego de 17 años de agonía avivó el debate sobre la posibilidad de elegir en vida cómo morir y evidenció la falta de información.

Salomé Crespo

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El caso de Eluana Englaro, la italiana de 37 años que pasó 17 postrada en estado de coma irreversible -luego de un accidente de tránsito en 1992-, sostenida con vida artificialmente, conmocionó a la opinión pública cuando la magistratura italiana resolvió su muerte a principios de este mes.

Luego de un largo y doloroso peregrinar su padre, Beppino Englaro, logró que se concretara lo que sabía que era la voluntad de su hija. Antes del desenlace opinaron grupos religiosos, intervino el gobierno del conservador Silvio Berlusconi y la oposición de centroizquierda.

“Morir es una costumbre que suele tener la gente”, escribió Jorge Luis Borges, en Milonga para Manuel Flores. Pero a veces, si el final no depende de uno mismo o es el desenlace natural de la vida, como en el caso de Eluana, la cruel decisión debe ser tomada por el entorno de la persona o esperar por tiempo indefinido un milagro.

Sobre esta delicada situación, se lo consultó al director del hospital José María Cullen, Dr. Carlos Castarataro, quien distinguió entre estados mínimos de conciencia y estado vegetativo. “Es difícil diferenciar un caso del otro”, calificó y agregó que en esos casos los especialistas deben tener en cuenta los principios básicos de la bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y equidad, “y de acuerdo a eso resolver”.

Castarataro refirió que no existen referencias científicas demostradas de pacientes que hayan revertido el estado vegetativo, sí de los estados mínimos de conciencia. Aclaró que hay casos aislados que “han recuperado alguna respuesta más de las que tenía en el estado de conciencia” pero no hay retorno a la vida normal.

Sobre cómo se resolvería en la ciudad una situación como la de Eluana, el doctor respondió que primero se escucha a los familiares, luego se eleva el pedido al comité de bioética del nosocomio que analiza el caso y su contexto y después dictamina, “pero no a modo de juez sino que recomienda lo que es mejor para el paciente”.

legislación

En las provincias de Río Negro y Neuquén, desde 2007 y 2008 respectivamente, tiene vigencia la Ley de Muerte Digna. Su precursora, la legisladora radical y médica pediatra Marta Milesi, explicó a El Litoral que los servicios de cuidados paliativos que se fueron desarrollando en Río Negro a veces se encontraban con vacíos legales, por lo que trabajó en el tema.

“Lo que llevó más tiempo fue generar un cambio en la cultura”, explicó Milesi y agregó que la ley “no autoriza la eutanasia y apunta a cambiar la mirada del modelo médico hegemónico para pasar a un equipo interdisciplinario en donde el especialista es uno más y no el que toma las directivas por el paciente”.

Milesi define a la reglamentación como la forma de dar herramientas a quienes decidan usarla para morir con dignidad; contempla lo que se llama las directivas anticipadas o testamento vital que es “donde las personas pueden escribir cómo quieren morir en caso de llegar a la etapa denomina en medicina límite de esfuerzo terapéutico”.

“La salud agoniza cada vez que llega a los estrados judiciales”, definió Milesi una situación que en su opinión “se debe resolver en la intimidad del paciente y los médicos”.

¿Cómo se hubiera resuelto el destino de Eluana si viviera en Río Negro? Para Milesi la respuesta fue sencilla: “jamás se hubiese demorado tanto la decisión”.

“Nadie puede querer más a un hijo que un padre que a veces deciden en una situación dolorosísima pero ahora es parte de la ley. En Argentina hay muchísimas Eluanas, sólo que sus finales se resuelven en el anonimato, entre el médico y el paciente como corresponde”, sentenció Milesi.

Para la legisladora la Ley de Muerte Digna, es una forma de decidir sobre el propio cuerpo y respetar los derechos personalísimos. “El médico tiene que informar y el juez impartir justicia, lo importante es tener información porque uno no puede decidir si no tiene información”, concluyó Milesi.

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opinión

Sobre la eutanasia

Pbro. Luis Anaya. Dtor. Instituto de Bioética Jérôme Lejeune de la U.C.S.F.

Un acontecimiento que podemos rápidamente calificar como trágico y luctuoso, vuelve a poner nuestra mirada sobre un tema muy recurrente: la eutanasia o acción por la cual activa o pasivamente haciendo algo que quita la vida o privando de un recurso necesario para la vida de la persona humana- el hombre dispone de la vida del otro suprimiéndola. Es el caso de Eluana Englaro, que tenía vida autónoma, es decir, sus funciones vitales funcionaban por sí mismas -sin necesidad de aparatología médica-, pero porque ella no lo podía hacer por sí, necesitaba de su prójimo para el sostén vital básico, es decir, la alimentación e hidratación, la higiene y un hábitat digno.

¿Qué ocurrió en el caso? Falleció porque se le quitó la alimentación e hidratación necesaria para su sustento vital. Trágico, por la connotación familiar y judicial, luctuoso porque se privó injustamente de la vida a una persona humana.

En un análisis bioético, las consideraciones que se pueden hacer son: si el hombre está llamado a la vida, jamás es legítimo -y por lo tanto, inmoral- realizar una acción o omitir la necesaria, que por sí misma o por la intención de quien la pone, provoque la muerte de otro para suprimir el dolor o una situación de vida que algunos puedan considerar “indigna”. Es un homicidio gravemente ofensivo de la dignidad de la persona humana y de Dios; los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma, jamás pueden ser legítimamente quitados; la exigencia de amor y solidaridad hacia los otros exige de cada uno que haga todo lo que es conducente para sostener y mejorar su vida, que es un bien fundamental de la persona, en la medida en la cual está bajo mi responsabilidad. La colaboración en la muerte de alguien, cualquiera sea el grado de participación: el gobierno, el padre, la Justicia, los medios de comunicación, los grupos de presión, siempre constituyen una cooperación en la muerte. Una función esencial del Estado, que hace a la promoción del bien común, es ayudar a vivir en el mejor grado posible según la condición natural de cada uno. Hay personas que sufren de enfermedad o privaciones, a veces muy dolorosas o persistentes, pero jamás es un bien para ellas privarlas de su vida.

En el caso de Eluana hubo muchas presiones pero la certeza está siempre en el bien de la persona: la vida. De modo que la conducta del hombre siempre debe ir según la lógica de proteger los bienes personales, nunca privarlo de ellos. Como bien dijo Benedicto XVI: “La respuesta del hombre al dolor jamás puede ser la de privar de la vida, sino la del amor que ayuda a afrontar el dolor y la agonía humana”.

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ADEMÁS

Desde el judaísmo

La comunidad judía de la ciudad, hizo su aporte sobre el caso de Eluana. Al respecto se aclaró que la religión judía no está estructurada eclesiásticamente de forma piramidal, por lo que sobre muchos temas existen diferentes opiniones.

La posición mayoritaria sostiene que no se puede practicar eutanasia activa, pero si adoptar posiciones más pasivas, es decir, no hacer intervenciones cruentas y hacer un seguimiento de la evolución del paciente. Cuando los médicos aseguran que no hay curación “se deberían hacer cuidados y tratamientos paliativos que permitan una asistencia más humanitaria y menos mecánica del paciente”. Es por ello que “el análisis puntual de cada historia médica en particular es fundamental”.