Soja: ¿dónde está la renta extraordinaria?

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La peor sequía de los últimos 50 años incidió negativamente en el rinde por hectárea, generando una pérdida del 22 % de la producción de soja.

Foto: Archivo El Litoral

Por Marcelo Marchetti

Productor Agropecuario

Para el Centro de Gestión Agropecuaria de Fundación Libertad

En la Argentina, para la campaña 2008/2009 se sembraron 17.000.000 hectáreas de soja. El promedio de rendimiento del último quinquenio en nuestro país fue de 2,85 toneladas por hectárea. Sin problemas climáticos, la producción argentina de soja habría sido de 49.000.000 de toneladas. Sin embargo, nuestro país sufrió en este ciclo agrícola la peor sequía de los últimos 50 años.

Evaluaciones privadas serias estiman para este año una producción de 2,25 toneladas por hectárea, o sea, una producción total de 38.000.000 de toneladas, lo que implica una pérdida del 22 % de la producción de soja en nuestro país en esta campaña, merma por cierto sin precedentes en la historia del agro argentino.

La renta del dueño del campo

Podríamos afirmar que el 65 % de los campos agrícolas son alquilados, o sea que el dueño del campo recibe una renta de quien encara la explotación, renta que en general no representa más del 5 % del valor del activo.

Para que pueda ser entendido por quienes no conocen esta actividad, es equivalente a cobrar un alquiler de $ 900 por mes por un departamento de un valor de U$S 60.000 ($ 216.000).

El valor de un campo agrícola promedio en la Argentina es de U$S 6.000 que, si multiplicamos por el 5 %, nos da U$S 300 por hectárea (antes de impuestos), o sea, el equivalente al porcentaje de renta originada por el alquiler de un departamento.

Quedaría así comprobado que el dueño de un campo que lo da en alquiler no goza de ninguna renta extraordinaria. De lo contrario, todos los propietarios de inmuebles urbanos de la Argentina gozarían de la misma renta presuntamente extraordinaria.

La ganancia del productor

Veamos ahora la renta de quien explota el campo en la campaña 2008/2009, o sea, de quien enfrenta no sólo un riesgo climático enorme, sino también un riesgo de precios del mercado internacional, en el que, dicho sea de paso y, como consecuencia de la crisis financiera internacional, la caída del precio de la soja fue del orden del 45 % en los últimos diez meses. Vamos a ver los números del quebranto a enfrentar.

El productor cobra actualmente U$S 220 por tonelada de soja, puesta en el puerto de Rosario (ya descontado el 35 % de retenciones cobrado por el Estado).

El precio neto luego de deducir comisión por comercialización y flete promedio (350 km a puerto) es de U$S 190. La producción promedio de esta campaña es de 2,25 toneladas por hectárea, que multiplicada por U$S 190 nos da un ingreso bruto por hectárea de U$S 427.

Luego de deducir el alquiler del campo, de U$S 300, nos quedarían entonces U$S 127.

Veamos ahora los gastos de implantación de una hectárea de soja.

Basta mirar infinidades de publicaciones para saber que sembrar una hectárea de soja implica una inversión mínima de U$S 160, sin contemplar uso de fertilizantes, ya que la presión impositiva sufrida por el campo no permite afrontar este costo. Teníamos U$S 127 menos U$S 160 del costo de implantación, nos da el primer quebranto de U$S 33 por hectárea.

Nos faltan deducir aún los gastos de estructura, cuyo promedio en la Argentina es de U$S 70 por hectárea.

Llegamos así al quebranto definitivo de U$S 103 por hectárea, que es lo que perderán este año en promedio los productores de soja del país.

Debemos aclarar que el productor promedio invirtió por hectárea U$S 300 de alquiler, más U$S 160 de gastos de implantación, más U$S 70 en gastos de estructura, lo que totaliza una inversión de U$S 530 por hectárea.

Si se pierden U$S 103 por hectárea, esto significa una pérdida del capital de trabajo en el conjunto de los productores argentinos del orden del 20 %, cifra por cierto sin precedentes en el agro.

Se trata, entonces, de una renta extraordinariamente negativa.

El ingreso del Estado

Vamos a analizar ahora el ingreso por hectárea por parte del Estado.

El valor FOB de la soja argentina (antes de aplicar las retenciones) es de U$S 335. El Estado cobra, sobre una producción de 2,25 toneladas por hectárea, U$S 264 (2,25 t/ha x 335 U$S/t x 35 % de retenciones). Todo esto, sin aportar capital. De modo que extrae, ciertamente, una verdadera renta extraordinaria.

Conclusiones

Repasemos los resultados para los tres participantes de la producción.

1- El dueño de la tierra recibe el 5 % del valor de su activo antes de impuestos.

2- El productor arrendatario (quien arriesga e invierte): pierde el 20 % de su capital.

3- El Estado se hace acreedor de U$S 264 por hectárea sin aportar capital y sin participar de riesgo alguno.

¿A quién corresponde la renta extraordinaria? Ésta es la pregunta que nos debemos hacer todos los argentinos.