Al margen de la crónica

El sur argentino, otro mundo

La suerte -y algo de dinero ahorrado- me brindó la oportunidad de un viaje corto a Villa la Angostura, un paraíso turístico en pleno territorio neuquino que parece formar parte de otro mundo.

El pueblo es pequeño (apenas unas pocas cuadras asfaltadas conforman el centro) con una arquitectura típica de montaña. Las cabañas confeccionadas en madera se meten en los imponentes cerros y bosques que en esta época del año exhalan un intenso perfume a coníferas.

El aire purísimo da la sensación de plenitud y el estrés pasa a formar parte de otra vida desde el primer minuto de haber pisado esas latitudes. Las visuales impactantes del lago Nahuel Huapi, de las bahías ubicadas en la zona portuaria, del cerro Bayo, del río Correntoso o del Bosque de Arrayanes hacen que uno se sienta metido en una postal, mire hacia donde mire.

No es casual que muchos ricos y famosos tengan costosas propiedades por esos lugares. Hasta dicen que el famoso Disney visitó la zona hace décadas y se habría inspirado en el Bosque de Arrayanes para crear el film Bambi.

Pero no es sólo la majestuosidad del paisaje lo que seduce al turista. Los lugareños hacen del cuidado de la naturaleza un culto que contagia a los foráneos. No se ve un solo papel tirado por el suelo y los carteles de los sectores netamente turísticos piden “regresar con la basura”.

Varios pobladores consultados dijeron haber elegido ese paraíso terrenal hace 8 años, buscando una oportunidad de supervivencia luego de la crisis. Lo cierto es que la mayoría de la gente aparenta 10 años menos, en parte porque su ritmo de vida no se asemeja en nada al frenetismo de nuestras ciudades.

Ya de vuelta en Santa Fe, uno no puede dejar de comparar. Y así en lugar del corredor de los Siete Lagos nos encontramos desde el ingreso a la urbe con el “camino de los ranchos”. El azul marino de los lagos patagónicos se transmuta en el amarronado de nuestros ríos de llanura. La naturaleza casi intacta de hace millones de años del sur argentino deja paso a una Santa Fe donde el cuidado de los espacios públicos no es moneda corriente. Estamos sólo a un día de viaje en micro, pero aquél parece otro mundo.