“Y, baile de HOB” (2004), acuarela de Roberto Aguirre Molina.
“Y, baile de HOB” (2004), acuarela de Roberto Aguirre Molina.
Cruzado de pies, mojado de puentes
Por Diego E. Suárez
“El pan y la piedra”, de Roberto Aguirre Molina. Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe y UNL, Santa Fe, 2008.
El pan y la piedra. El nexo desune contrastando tesis y antítesis bajo la forma de lo orgánico y lo mineral, lo cristiano y lo pagano, lo incorpóreo y lo material, lo contemporáneo (el pan de cada día) y lo paleolítico; pero, al mismo tiempo copulativo, une el placer a la hermenéutica, y la poesía al juego (piedra libre).
Ya lo dijo Johan Huizinga en su clásico Homo ludens: “Poiesis es una función lúdica. Se desenvuelve en el campo de juego del espíritu, en un mundo propio que el espíritu crea. En él, las cosas tienen otro aspecto que en la “vida corriente’ y están unidas por vínculos muy distintos de los lógicos”.
En el mundo de El pan y la piedra, la palabra (pan óptico) cobra otro aspecto por medio de abracadabras neobarrocos. El sentido se vuelve un espejismo, como en el poema “I”: “Mueve mis pocos, cambia, deforma,/ mis nuncas me abandonan”; o en el poema “V”: “El pan cita a la piedra/ lejos de mí/ tiembla”. La tensión entre lo que se ve y se oye concede al poema una doble personalidad, fonética y grafemática. Los términos cobran vida, uniéndose unos a otros, repeliéndose mutuamente, negociando significantes, pronunciándose siempre a favor de la multiplicidad.
Otra cuestión: La flauta de Pan, dulce, emite sonidos mutantes. Del poema I al XXV hay un discurrir germinal de lo atonal a lo tonal, un ciclo hidrológico que va de la evaporación a la condensación, en una auténtica metamorfosis discursiva del enunciador, que viaja del interior al exterior, de la placenta al puente, pasarela que lo conducirá a un territorio donde prima la contemplación: “Extensión de domingo, llanura;/ salvo unos árboles que se ven en la distancia/ y un día los imagino de otra manera./ Los veo llenos de quiero decir,/ cada uno tiene melodías, sones, ruidos./ Me siento, me acuesto boca arriba a mirarlos, desde dentro”. Poesía de ramada, el paisaje se brinda como signo interrogante: “La tierra/ amarra la cuestión: una nube”.
Llegado a un punto del “Poema en el puente de las piedras”, el hermetismo subvierte los roles, haciendo que el texto (pan de Dios) pase a comprender a sus lectores: “Y el puente?/ Pasaron./ Y volvieron./ A mirar”. Cada leyente retorna a sí “cruzado de pies/ mojado de puentes”.
El pan y la piedra obtuvo en el año 2006 el Premio Provincial José Pedroni en la categoría Inéditos, conforme la decisión del jurado integrado por Jorge Boccanera, Osvaldo Aguirre y Carlos Bernatek.
Juego para dos o más participantes, la poesía es un gesto de rebeldía contra la realidad impuesta por el mundo. Ahora, existente el libro, el poeta cede su turno al lector.