EDITORIAL
EDITORIAL
Difícil equilibrio entre descanso y diversión
Hace años que los vecinos de la zona conocida como Recoleta santafesina vienen expresando sus quejas por el notable deterioro que produjeron en su calidad de vida los cambios de hábitos en materia de diversión y esparcimiento. Es que el mismo sector de la ciudad que se erige como uno de los más jerarquizados en materia tributaria convive con una creciente actividad nocturna, que se materializa en boliches, pubs y demás locales donde se concentra gran cantidad de personas durante los fines de semana y en vísperas de feriados.
Esta cuestión vuelve compleja la convivencia entre unos y otros, es decir, entre quienes buscan el descanso en un barrio residencial y quienes eligieron esa zona para desarrollar su actividad comercial.
Así es como esta situación se erige en una constante fuente de conflicto debido a los altos decibeles que alcanza la música en esos lugares, como también por los inconvenientes propios de una gran concentración de personas y una circulación vehicular que se potencia en esas horas. Todo lo cual se suma a los efectos que produce -tal como apuntan los mismos vecinos- el consumo irresponsable de alcohol y que se traduce en desórdenes e incidentes que a veces llegan a situaciones graves. Días atrás, este medio se hizo eco de un largo rosario de reclamos de quienes habitan esa zona y observan de qué manera, con el correr de los años, se ha visto afectada su tranquilidad.
El mismo planteo formulan quienes residen en la zona de Guadalupe y padecen inconvenientes similares -aunque en mayor medida durante la época estival-, debido al funcionamiento de locales nocturnos, a lo que suman molestias propias de la realización de actividades recreativas que tienen a la Costanera -y su bello y natural entorno- como escenario.
La creación de la Brigada de Ruidos Molestos es apuntada como un acierto, ya que posibilita alguna intervención en situaciones particularmente críticas. Sin embargo, parece no ser suficiente.
El tema ni es nuevo ni parece tener una sola salida. Desde hace años se plantea la alternativa de reubicar los locales nocturnos en un sector alejado de las áreas residenciales; se discutió sobre la conveniencia de vedar zonas a la habilitación de nuevos emprendimientos; se debatieron horarios y condiciones de funcionamiento; se establecieron obligaciones para los propietarios de manera de evitar que el ruido se filtre el exterior. Pero, mientras tanto, la situación se agrava, en tanto los hábitos nocturnos se modifican, y los horarios y límites se extienden, con lo que se logra exacerbar más aún los ánimos.
En ambos casos, el desafío sigue siendo cómo compatibilizar los intereses de todos los sectores involucrados. De modo que las distintas pretensiones, legítimas y atendibles, tengan su debido encuadramiento y control, para que la condición de su ejercicio no sea el perjuicio de los vecinos y de las pautas más elementales de la vida en comunidad.
El desafío sigue siendo cómo compatibilizar los intereses de quienes fundan su actividad comercial en el esparcimiento y de quienes defienden su derecho al descanso.