Edición del Sábado 25 de abril de 2009

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Bárbara Cartland

La “Corín Tellado inglesa”

Ana María Zancada

La llamaban “La Corín Tellado inglesa”. Su nombre era Bárbara Cartland y como su par española, su ocupación de por vida fue la escritura de novelas románticas, almibaradas y siempre con final feliz. Su vida fue una mezcla de glamour, excentricidades e imagen a la vez pompier y barroca. Lo que sí es innegable su producción “literaria”: 723 novelas que vendieron mil millones de ejemplares traducidos a 36 idiomas. En el auge de su producción llegó a publicar un libro cada 15 días.

En el espectacular Camfield Palace, a una hora de coche de Londres, vivió hasta el último día de sus 98 años, rodeada de lujo, nueve personas de servicio, dos perros a los que adoraba y seis secretarias que eran las encargadas de tomar el dictado de la prolífica autora.

Bárbara nació en Inglaterra el 9 de julio de 1901 y conoció los vaivenes de la suerte ya que su abuelo, un especulador en bienes raíces, se suicidó al ir a la bancarrota, un año después de ella nacer y su padre murió en la Primera Guerra Mundial.

Siendo muy joven comenzó como periodista de sociales en el London Daily Express. Estando allí fue que en 1923 escribió y publicó su primera novela, “Jigsaw”, que fue un éxito de ventas, a la que siguió “Blood Money” en 1926, con igual repercusión.

Convertida en una hermosa joven, dueña de una inteligencia que sabía aprovechar las oportunidades, pronto comenzó a disfrutar del éxito basado en la promoción personal. Sus declaraciones fueron siempre motivo de comentarios y como las heroínas de sus novelas, su línea de vida se centró en su aspecto personal y su rápido ascenso en la escala social. Las reuniones que organizaba contaban con la presencia de destacadas figuras del ambiente y su modisto era Sir Norman Hartnell, que luego vestiría a la mismísima Isabel II.

Pero Bárbara hizo de las novelas románticas su trabajo habitual. Imaginaba historias, con una trama que no por repetida, dejaba de enganchar a su público. Sus heroínas eran hermosas y castas jóvenes a quienes la suerte no siempre les sonreía, pero que el amor, personificado siempre por un galán buen mozo y de acomodada posición y casi siempre con título nobiliario, las rescataban de una vida aciaga. Esos sí, el idilio terminaba con un beso y nada de relaciones carnales.

Su vida personal, relatada en tres autobiografías publicadas con igual éxito de ventas que sus novelas, tuvo también ribetes novelescos. De acuerdo con sus propias declaraciones tuvo 49 proposiciones matrimoniales antes de dar el sí a su primer marido, Alexander McCorquodale, en 1927. Con él tuvo a su hija Raine, que más tarde se casó con el padre de la princesa Diana de Gales. Pero este matrimonio duró hasta su divorcio en 1933. Luego de una muy ajetreada relación, contrajo un segundo matrimonio con el primo de su ex marido, con quien tuvo dos hijos más.

Su pintoresca existencia incluyó la grabación de un disco con canciones de amor, que hizo con la Royal Philarmonic Orchestra y una línea de perfumes con los nombres de sus más famosas novelas.

El libro Guinnes la ubicó como la escritora de más venta en el mundo. Se convirtió en una estrella mediática presentándose en TV, con sus glamorosos atuendos rosa, su color preferido, coronada la cabeza con las capelinas llenas de plumas y exageradamente maquillada, con unas enormes pestañas postizas. No tenía reparos en expresar sus opiniones sobre la familia real, acusándolos de frialdad alemana “sólo la princesa de Gales era digna de cariño, manifestaba, a ella sí se la echará de menos”.

A pesar de ello, la reina Isabel la condecoró como Dame Commander del Imperio Británico, en honor a su profusa contribución literaria. En 1953 recibió la Orden de Malta, por los servicios humanitarios prestados durante la Segunda Guerra Mundial.

Enemiga acérrima de las feministas, sus mujeres no hacían ostentación del sexo, eran ingenuas, inexpertas y capaces de sentir el más puro y limpio amor. Eso sí, el hombre no debía llegar virgen al matrimonio: “Al menos alguien tiene que saber lo que se hace”, declaraba.

Bárbara Cartland vivió y murió de acuerdo al personaje que supo crear, el 21 de mayo de 2000, a los 98 años. Alguna vez expresó que quería que su cuerpo fuese arrojado al mar. Sin embargo, luego cambió de opinión y fue enterrada en un féretro de cartón, al pie de un roble que según cuenta la tradición fue plantado por la propia Isabel I en el siglo XVI, y se yergue en el jardín de su mansión. Allí descansa en paz, toda vestida de rosa.

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Bárbara Cartland, la escritora de novelas románticas más popular en lengua inglesa.

Foto: Archivo El Litoral



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