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Edición impresa del 25/04/2009 | Política | Economía Política

Empresarios y sindicalistas se alejan del gobierno

Las cuentas de Kirchner

El ex presidente prefirió la incertidumbre de una elección cuesta arriba a la certeza de una derrota por ausencia. Más adelante habrá que hacer las cuentas. Por ahora, la situación económica empeora pese a los indicadores del Indec y la dirigencia política juega a las candidaturas.

Sergio Serrichio

politica@ellitoral

CMI

Pocas veces una encuesta desfavorable gatilla decisiones a favor. Pero eso fue lo que pasó en los últimos días, cuando Néstor Kirchner decidió atacar el escepticismo que se venía instalando en su propia tropa respecto de la posibilidad de que él encabezara la lista oficialista de candidatos a diputados nacionales por Buenos Aires y dio claras señales de que pondrá el cuerpo en el vital distrito bonaerense, escudado en la postulación testimonial del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y de varios intendentes del conurbano.

El escudo dista de ser una garantía para el ex presidente. Las últimas encuestas le informaron que una lista con él a la cabeza y Scioli en segundo lugar corre cuatro puntos por debajo del peronismo disidente de Francisco de Narváez y Felipe Solá, y que, en cambio, Scioli, secundado por el actual jefe de Gabinete (e intendente en licencia de Tigre), Sergio Massa, prevalecerían sobre De Narváez-Solá.

¿Por qué, entonces, Kirchner dijo que haría lo que los compañeros le pidan y organizó un operativo clamor a favor de su candidatura?

Porque el triunfo de una lista encabezada por Scioli y Massa no sería, en verdad, un triunfo kirchnerista, sino el inicio del poskirchnerismo.

En otras palabras, la no presentación equivaldría a la certeza de la derrota del “proyecto” K, en la forma de una fuerte irrupción de Scioli como presidenciable, o en la de una victoria del peronismo disidente.

Así las cosas, a la certeza de una derrota en ausencia -equiparable a la transfugada de 2003, cuando la ruindad política de Carlos Menem lo privó de asumir el gobierno con mayoría plebiscitaria-, Kirchner prefirió la incertidumbre de una disputa cuesta arriba, pero en la que los oficialismos nacional y provincial pueden poner toda la carne (esto es, todo el dinero del que puedan disponer) al asador.

Al fin y al cabo, Buenos Aires representa el 38 por ciento del padrón electoral del país y es el único distrito capaz de compensar, con un resultado favorable, derrotas por amplio margen en los otros distritos grandes: Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

La intensidad del juego de las candidaturas, que se verifica en todos los distritos, desmiente una de las argucias que esgrimió el gobierno cuando impulsó el adelanto -de octubre a junio- de los comicios. La presidenta Cristina Fernández dijo entonces que pasar el “escollo” electoral le permitiría concentrarse en la crisis. Pero lo que sucedió es que el país asiste a un festival táctico, mientras la crisis se profundiza, siempre a escondidas de las estadísticas del Indec.

Se alejan los gremios y los empresarios

En las últimas semanas, las señales más fuertes de fuga vinieron de las centrales empresarias y sindicales.

La CGT de Hugo Moyano está más ocupada en mostrar sus músculos en el mega-acto que organiza para el 30 de abril (en vísperas del Día del Trabajador) que en acordar con un gobierno de menguante billetera.

La CTA busca, por todos los medios, alejarse del kirchnerismo.

Pero lo más llamativo fueron el freno que empresas y empresarios otrora afines al kirchnerismo pusieron a la pretensión oficial de entrar, por vía de la Anses, en sus directorios, y el renacimiento del “Grupo de los 7”, entidades empresariales, en una reunión a la que que fueron invitados representantes del agro.

El capital no se caracteriza por su valentía, y que quienes estaban cerca se alejen y hasta muestren los dientes -como hace ya más de una semana hizo la Unión Industrial- evidencia la soledad K.

El aislamiento es también internacional. Lo muestran las dificultades oficiales para conseguir financiamiento con el que pagar no ya las deudas, sino elementales funciones operativas del Estado.

Por miedo a quedar descolocado, ya ni queda claro si el gobierno quiere crédito del FMI. En lo inmediato, lo que busca no requiere solicitud: son unos 2.500 millones de dólares que le corresponden de modo automático por el aumento del capital del FMI, suerte de pataconización mundial pergeñada en la cumbre del G-20, a principios de este mes en Londres.

A esa suma, el gobierno busca agregar préstamos de 1.500 millones de dólares del BID, 2.000 millones del Banco Mundial y una línea bilateral por otros 1.500 millones de un Brasil preocupado por el “efecto China”.

Recién después del 28 de junio, el gobierno admitiría, sin tanto remilgo, la gestión de un crédito propiamente dicho del Fondo. Hasta entonces, simulará una fortaleza que no tiene. En la semana que pasó, la presidenta llegó al extremo de pintar cifras mensuales (de comercio exterior y fiscales) en fuerte declive, como un “milagroso” saldo trimestral positivo.

En rigor, en una situación como la actual, el gobierno no debería preocuparse por tener superávit. Pero para eso, antes debería haber hecho los deberes, ahorrando en la bonanza y haciéndose digno de crédito.

Entre 2003 y ahora, el fisco argentino recaudó un pelín menos que un billón (un millón de millones) de pesos y tuvo saldos positivos cada año, pero dilapidó la parte del león. En el sexenio 2003-2008, por caso, acumuló un superávit financiero (descontados los pagos de deuda) de 63.000 millones de pesos, pero pese a una quita de más de 62.000 millones de dólares por la renegociación completada en 2005, la deuda externa pública aumentó en más de 22.000 millones de dólares en los últimos cuatro años.

Sobrar, se sabe que no sobra; como evidencia, el creciente uso de los fondos de los jubilados para pagar las cuentas del Tesoro, maniobra que recientemente replicó la provincia de Buenos Aires.

El derroche no fue sólo de dinero, sino de recursos en general. Así, por caso, entre 2001 y 2008 las reservas de gas natural (principal hidrocarburo de nuestra dieta energética) se redujeron 39 por ciento y las de petróleo 9 por ciento, pese a que entre un año y otro las exportaciones de gas cayeron 89 y las de petróleo 86 por ciento.

¿Dónde está ese dinero? ¿Dónde están esos recursos? ¿Hubo acaso una reducción de la pobreza, una explosión de la infraestructura, una mejora de la salud y educación pública de dimensiones comparables?

La Argentina se pasará los próximos años, buscando esas respuestas.

Las cuentas de Kirchner

Daniel Scioli, Néstor Kirchner y Hugo Moyano.

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ADEMÁS

Rumores y desmentidas

Después de las declaraciones de Carlos Reutemann de ayer, autodefiniéndose como mejor candidato a presidente que Néstor Kirchner y Mauricio Macri, se renovaron -y publicaron- las versiones sobre la declinación de la candidatura de Agustín Rossi como primer candidato a diputado nacional. Según los rumores, frente a las bajas mediciones en las encuestas, el actual legislador nacional “bajaría” su postulación para reemplazar a Florencio Randazzo en el Ministerio del Interior de la Nación. Sin embargo, Rossi volvió a desmentir hoy la especie.

“Mi voluntad personal y política es ser candidato en la provincia; esta semana inscribimos el Frente para la Victoria en la justicia electoral con otros partidos y estamos en plena campaña”, dijo esta mañana Rossi a El Litoral.

El jefe de la bancada kirchnerista atribuyó la proliferación de la versión a “alguien a quien le conviene que yo no sea candidato”. Además, dijo que mantiene una “muy buena relación” con Néstor y Cristina Kirchner, y negó que las encuestas le sean desfavorables. “Es mentira que mido mal. Vamos a hacer una elección muy buena en la provincia. Además, cada paso que doy en la provincia lo hago previa consulta con el presidente del partido, Néstor Kirchner”, aseguró.



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