EDITORIAL

Deserciones y prestigio político

Un gobierno debería inquietarse cuando las deserciones se generalizan. La preocupación debería transformarse en alarma cuando la “deserción” se transforma en prestigio político. La imagen del péndulo para caracterizar el humor de la sociedad con relación a un gobierno es gráfica y elocuente. Hay momentos en que la sociedad apoya al gobierno y todos los políticos, incluidos los opositores, aspiran a estar bajo su paraguas o protegidos por su sombra. Hay momentos en que ocurre exactamente lo contrario y es allí cuando se observa que hasta colaboradores cercanos al oficialismo empiezan a tomar distancia.

Puede que en estas conductas haya una importante cuota de oportunismo, pero más allá de las razones psicológicas que se movilizan, lo que interesa destacar desde una perspectiva sociológica es que cuando estos distanciamientos se producen, es porque el gobierno en cuestión ha iniciado su etapa de desprestigio o, para ser leal a la imagen original, el péndulo social se ha situado en otra parte.

La reciente cesantía de Santiago Montoya en la provincia de Buenos Aires ilustra con elocuencia este escenario. Al momento en que se tomó conocimiento público que el otrora temible pero eficiente recaudador se había quedado sin empleo, su prestigio creció a un ritmo acelerado. Inmediatamente lo convocaron desde los principales programas de televisión, su rostro y su trayectoria fueron tapa de noticieros y diarios y diferentes dirigentes opositores lo invitaron a integrar sus filas.

Algo parecido ocurrió cuando Carlos Alberto Reutemann empezó a diferenciarse del kirchnerismo. Su rechazo a la famosa resolución 125, sus declaraciones críticas al gobierno nacional, reforzaron su imagen pública y hoy es uno de los principales candidatos opositores a los Kirchner en la provincia de Santa Fe. En Córdoba, el gobernador Schiaretti sabe que su única chance electoral es el espacio opositor.

Capítulo aparte merece el caso del actual vicepresidente Julio Cobos. Hasta su famoso voto no positivo fue un político deslucido, criticado duramente por sus correligionarios radicales y maltratado políticamente por quienes le habían ofrecido la vicepresidencia. Los avatares de la coyuntura política, la intensidad de los conflictos y el propio azar le permitieron jugar un rol decisivo que lo transformó en uno de los dirigentes más prestigiados de la Argentina. De pronto, Cobos dejó de ser un desconocido, los correligionarios que lo trataron con más dureza admitieron que podrían haberse equivocado y todo esto ocurrió cuando decidió dejar de ser oficialista para transformarse en opositor

Los ejemplos que acabamos de mencionar más que una anécdota constituyen una tendencia. Más allá de lo que digan las encuestas o de las maniobras desprolijas que se tramen desde el poder, el humor de la sociedad hace rato que ha dejado de ser oficialista.