Al margen de la crónica
Una terapia divertida y necesaria
Al margen de la crónica
Una terapia divertida y necesaria
Apenas se suben al escenario, algún breve gesto cómplice, casi inasible, se desliza desde sus rostros hacia la platea. Y el público amaga con un primer aluvión de carcajadas, que irá creciendo a lo largo de las dos horas siguientes hasta alcanzar niveles estruendosos. Es que el humor de Les Luthiers no ha perdido un ápice de fuerza a lo largo de 42 años de trabajo. Por el contrario, ha alcanzado ya un nivel de identificación con la gente que torna mucho mas cálido y disfrutable el desarrollo de sus espectáculos.
Los nombres de Daniel Rabinovich, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Maronna y Carlos Núñez Cortés, mixturados con el de su personaje más entrañable (el inefable Johann Sebastian Mastropiero) conforman un cóctel que tiene como resultados seguros el buen humor y la risa saludable.
Y su último espectáculo, “Lutherapia”, ratifica el monumental talento exhibido por este grupo que, sin pensar en el retiro, sigue sorprendiendo por la creatividad, el ingenio y “el amor al arte” puestos de manifiesto en cada uno de sus trabajos. Al igual que en los anteriores shows, el aspecto más sobresaliente son el respeto por el público y la apelación a su inteligencia en cada uno de los textos, así como la creación de instrumentos cada vez más insólitos, que constituyen ya una marca registrada.
Muy lejos, casi en las antípodas de las estridencias mediáticas a que nos tienen acostumbrados varios de los artistas que hoy comparten cartel en los teatros más importantes de la ciudad de Buenos Aires -más ávidos por tomar parte en el escándalo del momento en los programas de chismes que por mejorar el show al que deben su fama-, los integrantes de este quinteto han demostrado cómo el perfil bajo asociado al talento puede también redundar en el reconocimiento popular.