El caso del chapista que mató a un delincuente

“No tuvo otra finalidad

que proteger su vida”

El juez de la causa lo dejó en libertad esta semana, a pesar de que “los actos desplegados excedieron los límites de la legítima defensa”. No obstante, se trata de “una persona de trabajo”, dispuesta a “colaborar” con la Justicia.

Juliano Salierno

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El juez de Instrucción Séptima, Diego Andrés de la Torre, procesó a un chapista de 43 años, que el mes pasado mató a uno de los dos jóvenes que lo asaltaron en su taller de barrio Guadalupe. El imputado recuperó la libertad el martes, luego de que el magistrado argumentara por qué decidió que espere el juicio en libertad.

“No tuvo otra finalidad que proteger su vida” pero “los actos desplegados excedieron los límites de la legítima defensa”, sostuvo el juez.

No obstante eso, destacó que “es una persona de trabajo” que ejercía su oficio en el taller en el que fue atacado; y que de eso vive y mantiene a su familia.

Además, “en todo momento ha mostrado una conducta tendiente a colaborar, no habiendo obstruido nunca los trabajos realizados para el esclarecimiento del hecho”, indicó la autoridad del caso. Por su parte, el abogado defensor Raúl Berizo, se mostró conforme con la determinación judicial.

Único testigo

Si bien la fiscal Nº 1, Liliana Lauxmann, pidió prisión preventiva, el juez ordenó “disponer la inmediata libertad” y la medida no fue apelada por el Ministerio Público. Le atribuyeron los delitos de “homicidio agravado por el empleo de arma de fuego, con exceso de legítima defensa” y “portación ilegítima de arma de fuego de uso prohibido”.

El chapista -identificado como MP- estaba solo aquel sábado 13 de junio. Trabajaba con el portón abierto y de espaldas a la calle, cuando dos ladrones ingresaron después del mediodía a su negocio de General Paz y Azcuénaga.

Aunque el relato de los hechos es unilateral -uno de los involucrados murió, el otro se fugó y no hubo testigos presenciales-, la Justicia contó con análisis técnicos y científicos que permitieron echar luz allí donde el testimonio del acusado no convencía (ver aparte).

La secuencia de violencia empezó cuando al darse vuelta encontró que uno lo apuntaba con una escopeta recortada, mientras que el otro tomaba un destornillador, con el que luego le lastimaría uno de sus brazos.

Pero el momento de mayor tensión se produjo después de despojarlo del efectivo y el celular: los delincuentes en su afán de llevarse la moto, perdieron de vista a su víctima.

Por una moto

Desesperado para que no le quitaran su único medio de transporte, el dueño del vehículo salió a la calle a pedir auxilio, pero no encontró a nadie. Entonces mientras los dos asaltantes intentaban sin fortuna encender el motor, el hombre entró nuevamente al galpón en busca de un arma que tenía escondida.

En el camino, cuando asomó la cabeza por detrás de la cola de un camión que estaba frente al taller, el delincuente armado abrió fuego sorpresivamente al verlo. La brusca reacción hizo que MP se resbalara y en el intento por mantener el equilibrio jalara el gatillo, con tan mala fortuna que la perdigonada alcanzó al otro ladrón en la cabeza, y lo hizo desmoronar en el acto.

Su compañero huyó, y a la distancia volvió a disparar para cubrir la retirada. El chapista declaró que se le escapó el tiro y que no tuvo intención de matar al chico.

“No tuvo otra finalidad  que proteger su vida”

El dueño del taller aguardará el juicio en libertad, aunque podría volver a prisión en caso de sufrir una condena.

Foto: Archivo El Litoral/ Danilo Chiapello

Armado “por seguridad”

La Justicia pudo acreditar que los dichos de MP, acusado de la muerte a un joven de 17 años, se ajustan a lo analizado por el personal especializado de la Unidad Regional Uno. El juez le reprochó que el arma no estuviera registrada y que le haya reformado el caño, que quedó de 25 cm. En ese sentido MP confesó que la tenía “por seguridad” y no para cometer algún delito.

Aunque los vecinos más cercanos del taller no estaban en sus casas el día del robo, un tercero pudo decir con seguridad que se oyeron tres detonaciones.

El primer disparo estuvo dirigido al chapista porque las municiones se incrustaron en la caja del camión que lo cubrió. El segundo, casi en el mismo instante, partió del arma del trabajador, que jura se le escapó. El último lo hizo el delincuente en fuga, a una distancia de 40 metros.

El arma secuestrada es una escopeta de caño recortado, y de acuerdo con la lesión sufrida por la víctima se dudó en un momento de la distancia mantenida entre uno y otro. Pero el Grupo Técnico Criminalístico de la URI comprobó que entre ambos había al menos diez metros, al realizar pruebas con la escopeta y los cartuchos del mismo calibre.

/// EL DATO

Reclamos por el menor.

El personal de la Seccional 8va. que trabajó en el lugar junto con la Sección Homicidios de la Unidad Regional Uno, identificaron a la víctima como Rodrigo Sebastián Ojeda, de 17 años. Esta semana se supo que sus padres se presentaron ante el juez para participar como “actor civil” en la causa.