Achicarse para crecer
Achicarse para crecer
La familia Pairetti profundizó un esquema de semiestabulado para aumentar la producción de leche. Sin incrementar costos están volviendo al promedio diario previo a la sequía. Sin embargo, están obligados a replantear el tambo diariamente.

Federico Aguer
Enviado especial
A los Pairetti, la pasión por el tambo les viene de lejos. Su nexo con la lechería comenzó en 1976, cuando Víctor, hoy jubilado, se aventuró a producir leche con las primeras vacas Holando de la zona. A lo largo de la historia, recuerdan buenos y malos momentos, aunque por primera vez, están analizando la posibilidad de cerrar las puertas para siempre.
Hoy los destinos del este establecimiento de 230 hectáreas afincado en cercanías a Estación Clucellas son manejados por Roberto, su hijo, cuyo trabajo se parece más al de un gerente de una empresa que al de los pioneros de la familia. De hecho, decidieron diversificar el riesgo y la ganancia. Hoy, su mayor desafío sigue siendo el de mantener vivo el tambo en estos suelos de clase uno, compitiendo todos los días con los sojeros.
“A la crisis hay que sobrellevarla de la forma que mejor podamos. Si uno entra en una actividad como ésta no es para salir de un día para el otro. Por eso en estos momentos coyunturales se trata de perder lo menos posible a la espera de mejores señales, porque cuando se cierra un tambo no se arma más”, le cuenta Roberto a Campolitoral.
Manejo
En los últimos años intensificaron todo lo que se podía, sobre todo con las recrías (que antes estaban en campos más alejados), transformando un sistema pastoril en un sistema con encierro. Con eso se ganó una edad de servicio para las vaquillonas de 15 meses, “tal como lo habíamos planificado”, confiesa. El nuevo sistema funciona muy bien con silo y algo de grano o rollo molido. “Así nos fuimos entusiasmando, y nos largamos también con las vacas, tal como se hace en todo el mundo”, recuerda. Y lo bueno es que lo hicieron sin ampliar la estructura. Sin invertir, se usaron las mismas cubiertas para alimentar las vacas, y los kilos de silo (que es lo más caro) que ya estaban.
“Pasamos de un 40 por ciento de suplementación a un 85, y hay que tener un poco de estómago para aguantársela”, continúa Roberto, quien reconoce que este nuevo manejo los llevó a cometer algunos errores que ya solucionaron. Actualmente, sacan las vacas a pastorear en las mejores horas, logrando unos 2 kg. de materia seca, el resto es silo y suplemento.
Competencia
El campo se encuentra en un suelo netamente agrícola, compitiendo a diario con la soja. De hecho los precios del arrendamiento son a precio de la oleaginosa. Con respecto a las lluvias, el régimen de precipitaciones no ha sido parejo a lo largo del año. Hay zonas con los 800/1.000 mm. por año, pero desparejos. Eso les permitió sembrar los trigos de ciclos intermedios a largos destinados a los silos de noviembre para la reserva del 2010, pero la vitalidad de los mismos depende de cómo sigan esas lluvias. “La fertilidad del suelo ayuda, pero la rotación también”, se ufana Pairetti, orgulloso de mantener trigo sobre soja y maíz. “Al no pisotear tanto la tierra se acumula mejor la humedad y se incrementa el rinde”, continúa. Es que tienen claro que el esquema de rotación beneficia la tierra.
Herramientas
Este año piensan volver a sembrar maíz. Claro que para lograrlo y para no desfinanciarse piensan usar tarjetas de crédito, aunque sólo implantarán el 75 % del cereal proyectado previamente. “Veremos si llega alguna medida del gobierno para incentivarlo, pero lo que está claro es que ha bajado el nivel de fertilización. Estamos exportando muchos más nutrientes de los que le aportamos al suelo, cuando las cosas van bien. En años como éste, mucho más aún, y eso va en contra de nuestros propios principios”, se sincera.
Para atrás
En este tambo, la inversión en genética lleva 20 años con toros de probada calidad, y “sería un crimen tocarlo, porque en definitiva no mueve tanto la aguja”, dicen. Sin embargo, con la alimentación, el tema es distinto. “Es lo que más impacta directamente en el bolsillo. Si metés un afrechillo se nota”, dice Roberto. Encima, con estos días fríos pero soleados y con mediodías templados, el animal convierte el alimento en leche mejor que nunca, y si se reduce 2 kg. de pellet de soja (a un precio importante) la vaca te lo va a pagar. Para Pairetti, a veces uno se va desalentando por el precio, la incertidumbre, etc. “Entonces uno atina a bajar un cambio y no hace tanta leche, pero a esta altura del año vale la pena ponerle fichas para aumentar la producción. Bajamos de 26 litros promedio a 24, sacándole proteínas a las vacas”. Por eso, al no tener tanta proteína de alfalfa, las vacas le pasaron la factura rápidamente.
Sobreviviendo
Muchas cosas cambiaron a lo largo del tiempo. Sobre todo lo concerniente al gerenciamiento del campo como una verdadera empresa. Hoy, el que no es eficiente al máximo no sobrevive. Y aún así nadie te garantiza nada. Para los Pairetti, el desafío es subsistir, “hay que ser muy gerentes, las horas de escritorio a las que antes no se le prestaba tanta atención, hoy son vitales para tomar decisiones inteligentes”, le confiesa Roberto a Campolitoral. “Vamos a intentar perder la menor cantidad de dinero posible”, agrega. Es que sus ingresos anuales se reparten en partes iguales entre el tambo y la agricultura; a veces uno subsidia al otro. Este sistema con pocas pasturas les permite que en enero -al momento de confeccionar los silos de soja y maíz- puedan tomar una decisión (si cierran el tambo y destinan el silaje a cosecha). “Este sistema te permite salir sin fundir la empresa. Este año tiraremos con la tarjeta y en enero vamos a ver qué hacemos”, finaliza. Y cierra la charla con una frase digna de una autocrítica profunda a las políticas oficiales para el campo: “el boom de los pooles de siembra contribuye al empobrecimiento de la tierra y a la desaparición de los pequeños productores”.
Con la eficiencia ya no alcanza
el dato
Números que hablan
La alimentación promedia 18 kg. de silo de maíz, 7 de trigo, 6 de alfalfa, 4 de grano de maíz, y 5 kg. de balanceados abajo del tambo, acorde a las existencias. El pastoreo equipara las producciones. Si bien no tuvieron rindes espectaculares, gracias a la rotación, la soja y maíz estuvieron arriba del promedio de la zona. El trigo en tierras bien rotadas dio cerca de 20 qq/ha.


Un “chiche”. El tambo de 16 bajadas está impecable. Fue reinaugurado en 1998.
De familia, tamberos. Omar Schmidt es el tambero del establecimiento. Junto a su hijo posaron para las cámaras de Campolitoral.
Plazos
En este sistema trabajan con plazos a un año. Van a apostar por un año más, “aunque me inclino por la agricultura, porque rematar un tambo es regalar las vacas, y entiendo al tambo como una capitalización a futuro. Si lo cierro quiero que sea por una decisión propia, no impuesta por el peor momento. Estamos 20 centavos abajo por litro de producción. Estimamos un quebranto de $ 20.000 por mes, contando amortizaciones y el personal”, dijo Pairetti.

EN RELACIÓN
Alfalfa y trigo. El lote donde pastorean las vacas les permite convertir más alimento en leche y aportar más materia seca.
Fotos: Federico Aguer y gastón neffen
Estamos exportando muchos más nutrientes de los que le aportamos al suelo, cuando las cosas van bien. En años como éste, mucho más aún.

además
Inclusión, de verdad
El tambo de los Pairetti le da trabajo a ocho familias, “y si lo paso a la agricultura esas familias pasarán a golpear las puertas de las comunas. El día que valoren la importancia del tambo otro será el destino de la lechería. Pese a todo no vamos a tocar el sueldo de los empleados ni a tomar medidas drásticas”, aclaran.